LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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02 ¿Qué deseas rezar?

sábado 13 de febrero de 2027

Oficio de lectura

Sábado después de Miércoles de Ceniza

Cuaresma

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna."
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén.

Salmodia

Ant. 1

El Señor los rescató de la opresión.

Salmo 77, 40-72-IV: Bondad de Dios e infidelidad del pueblo a través de la historia de la salvación

¡Qué rebeldes fueron en el desierto,
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a irritar al santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los rescató de la opresión:

cuando hizo prodigios en Egipto,
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre los canales
y los arroyos, para que no bebieran;

cuando les mandó tábanos que les picasen,
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;

cuando aplastó con granizo sus viñedos,
y con escarcha sus higueras;
cuando entregó sus ganados al pedrisco,
y al rayo sus rebaños;

cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira,
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:

no los salvó de la muerte,
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos de Egipto,
a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El Señor los rescató de la opresión.

Ant. 2

Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.

Salmo 77, 40-72-V

Sacó como un rebaño a su pueblo,
los guió como un hato por el desierto,
los condujo seguros, sin alarmas,
mientras el mar cubría a sus enemigos;

los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido;
ante ellos rechazó a las naciones,
les asignó por suerte su heredad:
instaló en sus tiendas a las tribus de Israel.

Pero ellos tentaron al Dios Altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso;
con sus altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.

Dios los oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel;
abandonó su morada de Silo,
la tienda en que habitaba con los hombres;

abandonó sus valientes al cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad;

el fuego devoraba a los jóvenes,
y las novias ya no tenían cantos;
los sacerdotes caían a espada,
y sus viudas no los lloraban.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.

Ant. 3

Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.

Salmo 77, 40-72-VI

Pero el Señor se despertó como de un sueño,
como un soldado vencido por el vino:
hirió al enemigo en la espalda,
infligiéndole una derrota perdurable.

Repudió las tiendas de José,
no escogió la tribu de Efraín;
escogió la tribu de Judá
y el monte Sion, su preferido.
Construyó su santuario como el cielo,
como a la tierra lo cimentó para siempre.

Escogió a David, su siervo,
lo sacó de los apriscos del rebaño;
de andar tras las ovejas, lo llevó
a pastorear a su pueblo, Jacob,
a Israel, su heredad.

Los pastoreó con corazón íntegro,
los guiaba con mano inteligente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.

Versículo

℣. El que realiza la verdad se acerca a la luz.

℟. Para que se vean sus obras.

Primera lectura

Del libro del Deuteronomio Dt 5, 1-22

El decálogo

Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las normas que yo pronuncio hoy a tus oídos. Apréndelos y procura ponerlos en práctica. El Señor nuestro Dios ha concluido con nosotros una alianza en el Horeb. No con nuestros padres concluyó el Señor esta alianza, sino con nosotros, con nosotros que estamos hoy aquí, todos vivos. Cara a cara os habló el Señor en la montaña, de en medio del fuego. Yo estaba entre el Señor y vosotros para comunicaros la palabra del Señor, ya que vosotros teníais miedo del fuego y no subisteis a la montaña. Dijo:

«Yo soy el Señor tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, cuando me odian, y tengo misericordia por mil generaciones cuando me aman y guardan mis mandamientos.

No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso. Guardarás el día del sábado santificándolo, como te lo ha mandado el Señor tu Dios. Seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a el Señor tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo y tu sierva. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te manda guardar el día del sábado. «Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado el Señor tu Dios, para que se prolonguen tus días y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da.

No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No desearás la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo.»

Estas palabras dijo Dios a toda vuestra asamblea, en la montaña, de en medio de la nube ardiendo y el nubarrón, con voz potente. Y nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó a mí.

Responsorio

℣. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. * La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

℟. Quien ama al prójimo ya ha cumplido la ley, pues amar es cumplir la ley entera.

℟. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

Segunda lectura

San Ireneo Contra los herejes IV, 13, 4 - 14, 1

La amistad de Dios

Nuestro Señor Jesucristo, Palabra de Dios, comenzó por atraer hacia Dios a los siervos, y luego liberó a los que se le habían sometido, como él mismo dijo a sus discípulos: <i>Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer</i> (Jn 15,15). Pues la amistad de Dios otorga la inmortalidad a quienes la aceptan. 

Al principio, y no porque necesitase del hombre, Dios plasmó a Adán, precisamente para tener en quien depositar sus beneficios. Pues no sólo antes de Adán, sino antes también de cualquier creación, la Palabra glorificaba ya a su Padre, permaneciendo junto a él, y, a su vez, era glorificada por el Padre, como la misma Palabra dijo: <i>Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese</i> (Jn 17,5).

Ni nos mandó que lo siguiésemos porque necesitara de nuestro servicio, sino para salvarnos a nosotros. Porque seguir al Salvador equivale a participar de la salvación, y seguir a la luz es lo mismo que quedar iluminado. 

Efectivamente, quienes se hallan en la luz no son los que iluminan a la luz, sino ésta la que los ilumina a ellos; ellos, por su parte, no dan nada a la luz, mientras que, en cambio, reciben su beneficio, pues se ven iluminados por ella. 

Así sucede con el servir a Dios, que a Dios no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos; él, en cambio, otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven, con lo que beneficia a los que lo sirven por el hecho de servirlo, y a los que lo siguen por el de seguirlo, sin percibir beneficio ninguno de parte de ellos: pues Dios es rico, perfecto y sin indigencia alguna. 

Por eso él requiere de los hombres que lo sirvan, para beneficiar a los que perseveran en su servicio, ya que Dios es bueno y misericordioso. Pues en la misma medida en que Dios no carece de nada, el hombre se halla indigente de la comunión con Dios. 

En esto consiste precisamente la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de Dios. Y por esta razón decía el Señor a sus discípulos: <i>No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido</i> (Jn 15,16), dando a entender que no lo glorificaban, al seguirlo, sino que, por seguir al Hijo de Dios, era éste quien los glorificaba a ellos. Y por esto también dijo: <i>Éste es mi deseo: que éstos estén donde yo estoy y contemplen mi gloria</i> (cf. Jn 17,24).

Responsorio

℟. ¿Qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

℣. Este mandamiento es principal y primero.

℟. Que temas al Señor, tu Dios, y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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