miércoles 12 de agosto de 2026
Oficio de lectura
Miércoles de la 19ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Siempre es hora de la gracia,
¡despierte el alma dormida!
Los cangilones del sueño
van hurtando el agua viva
en la noria de las horas,
de las noches y los días.
Peldaños de eternidad
me ofrece el tiempo en su huida,
si, ascendiendo paso a paso,
lleno mis manos vacías.
Sólo el tiempo se redime,
quitándole su malicia.
Como una sombra se esfuman
del hombre vano los días,
pero uno solo ante Dios
cuenta mil años de espigas.
«Tus años no morirán»,
leo en la Sagrada Biblia:
lo bueno y noble perdura
eternizado en la dicha.
Sembraré, mientras es tiempo,
aunque me cueste fatigas.
Al Padre, al Hijo, al Espíritu
alabe toda mi vida:
el rosario de las horas,
de las noches y los días. Amén.
O bien:
Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.
Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
Salmodia
La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Salmo 88, 2-38-I: Las misericordias del Señor sobre la casa de David
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Salmo 88, 2-38-II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.
El me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
Salmo 88, 2-38-III
«Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo."»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
Versículo
℣. La explicación de tus palabras ilumina.
℟. Da inteligencia a los ignorantes.
Primera lectura
Del libro del profeta Zacarías Za 10, 3-11, 3
Liberación y regreso de Israel
Contra los pastores arde mi cólera, a los machos cabríos visitaré. Cuando el Señor visite a su rebaño, la Casa de Judá, hará de ellos su caballo victorioso en el combate.
De ellos saldrá la piedra angular, de ellos clavijas para la tienda, de ellos los arcos para el combate, de ellos todos los caudillos. Juntos serán como soldados que pisan el barro de las calles; combatirán, porque el Señor está con ellos, y los jinetes quedarán confundidos.
Yo haré fuerte a la casa de Judá, victoriosa a la casa de José; los repatriaré, me dan pena, serán como si no los hubiera desechado, pues soy el Señor su Dios, y les respondo.
Como soldados serán los de Efraín, su corazón se alegrará como con vino; sus hijos lo verán, se alegrarán, todo su ser gozará con el Señor. Les silbaré para reunirlos, pues los he rescatado, y serán tan numerosos como eran. Los dispersé entre los pueblos, en tierras lejanas me recordarán, criarán sus hijos y volverán.
Los haré volver de Egipto, de Asiria los recogeré, los conduciré a Galaad y al Líbano, donde no habrá bastante para ellos. Atravesarán el mar de la angustia, (él golpeará al mar borrascoso), quedará seco el cauce del Nilo. Será abatido el orgullo de Asiria, y el poder de Egipto llegará a su fin. Los haré fuertes en el Señor, y en su Nombre marcharán -oráculo del Señor-.
Abre tus puertas, Líbano, que el fuego devore tus cedros. Gime, ciprés, que el cedro ha caído, que los majestuosos han sido arrasados. Gemid, encinas de Basán, que ha sido abatida la selva impenetrable. Se oyen gemidos de pastores, porque ha sido arrasado su esplendor, se oyen rugidos de leones, porque ha sido arrasada la flora del Jordán.
Responsorio
℣. Los salvaré y conduciré a la patria porque me apiadaré de ellos, pues yo soy el Señor, su Dios: * su corazón se gozará en el Señor.
℟. Aquel día será el Señor corona enjoyada, diadema espléndida, para el resto de su pueblo.
℟. Su corazón se gozará en el Señor.
Segunda lectura
San Agustín de Hipona De los comentarios sobre los salmos (Salmo 47, 7: CCL 38, 543-545)
Vamos a subir al monte del Señor
“Lo que habíamos oído lo hemos visto”. ¡Oh bienaventurada Iglesia! En un tiempo oíste, en otro viste. Oíste en el tiempo de las promesas, viste en el tiempo de su realización; oíste en el tiempo de las profecías, viste en el tiempo del Evangelio. En efecto, todo lo que ahora se cumple había sido antes profetizado. Levanta, pues, tus ojos y esparce tu mirada por todo el mundo; contempla la heredad del Señor difundida ya hasta los confines del orbe; ve cómo se ha cumplido ya aquella predicción: “Que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan”. Y aquella otra: “Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria”. Mira a aquel cuyas manos y pies fueron traspasados por los clavos, cuyos huesos pudieron contarse cuando pendía en la cruz, cuyas vestiduras fueron sorteadas; mira cómo reina ahora el mismo que ellos vieron pendiente de la cruz. Ve cómo se cumplen aquellas palabras: “Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos”. Y, viendo esto, exclama lleno de gozo: “Lo que habíamos oído lo hemos visto”.
Con razón se aplican a la Iglesia llamada de entre los gentiles las palabras del salmo: “Escucha, hija, mira: olvida tu pueblo y la casa paterna”. Escucha y mira: primero escuchas lo que no ves, luego verás lo que escuchaste. “Un pueblo extraño” —dice otro salmo— “fue mi vasallo; me escuchaban y me obedecían”. Si “obedecían” porque “escuchaban” es señal de que no veían. ¿Y cómo hay que entender aquellas palabras: “Verán algo que no les ha sido anunciado y entenderán sin haber oído?” Aquellos a los que no habían sido enviados los profetas, los que anteriormente no pudieron oírlos, luego, cuando los oyeron, los entendieron y se llenaron de admiración. Aquellos otros, en cambio, a los que habían sido enviados, aunque tenían sus palabras por escrito, se quedaron en ayunas de su significado y, aunque tenían las tablas de la ley, no poseyeron la heredad. Pero nosotros, “lo que habíamos oído lo hemos visto”.
“En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios”. Aquí es donde hemos oído y visto. “Dios la ha fundado para siempre”. No se engrían los que dicen: “El Mesías está aquí o está allí”. El que dice: “Está aquí o está allí” induce a división. Dios ha prometido la unidad: los reyes se alían, no se dividen en facciones. Y esta ciudad, centro de unión del mundo, no puede en modo alguno ser destruida: “Dios la ha fundado para siempre”. Por tanto, si Dios la ha fundado para siempre, no hay temor de que cedan sus cimientos.
Responsorio
℟. Pondré mi morada entre vosotros y no os detestaré. Caminaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
℟. «Vosotros sois templo del Dios vivo»; así lo dice Dios.
℟. Caminaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
Volver al inicio ↑