martes 23 de junio de 2026
Oficio de lectura
Martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
A nuestras preces presta tus oídos,
oh Dios nuestro de piedad inimitable,
y ya que somos tus fieles suplicantes
escucha los ruegos.
Dirige desde tu Trono tu mirada serena
sé Tú mismo quien enciende nuestras lámparas
con nuestro aceite, y expulsa las tinieblas
del corazón nuestro.
Desata con tu piedad nuestros pecados,
limpia las manchas, rompe las cadenas,
perdona las culpas, y ofrece al caído
tu diestra.
Gloria a Dios Padre ingénito y a ti,
su Hijo, eternamente engendrado;
la misma gloria se dé al Espíritu divino,
por los siglos. Amén.
Salmodia
Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Salmo 101-I: Deseos y súplicas de un desterrado
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame enseguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Salmo 101-II
Tú, en cambio, permaneces para siempre,
y tu nombre de generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sion,
que ya es hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus ruinas,
los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sion,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones,
quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
Para anunciar en Sion el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
Salmo 101-III
Él agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: "Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis días."
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
Versículo
℣. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza.
℟. Inclina el oído a las palabras de mi boca.
Primera lectura
Del libro de Esdrás Esd 6, 1-5.14-22
Reconstrucción del Templo y celebración de la Pascua
Entonces, por orden del rey Darío, se investigó en los archivos del tesoro conservados en Babilonia, y se encontró en Ecbátana, la fortaleza situada en la provincia de los medos, un rollo del tenor siguiente: Memorándum. El año primero del rey Ciro, el rey Ciro ha ordenado: `Templo de Dios en Jerusalénʹ: Constrúyase el templo como lugar donde se ofrezcan sacrificios y échense sus cimientos. Su altura será de sesenta codos y de sesenta codos su anchura. Habrá tres hileras de piedras de sillería y una de madera. Los gastos serán costeados por la casa del rey. Además, serán restituidos los utensilios de oro y plata del templo de Dios, que Nabucodonosor sacó del santuario de Jerusalén y se llevó a Babilonia, para que todo vuelva a ocupar su lugar en el santuario de Jerusalén y vuelva a ser colocado en el templo de Dios.
Los ancianos de los judíos continuaron reconstruyendo con éxito, según la profecía del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Llevaron a término la construcción según la orden del Dios de Israel y la orden de Ciro y de Darío. Este templo fue terminado el día veintitrés del mes de Adar, el año sexto del reinado del rey Darío. Los israelitas -los sacerdotes, los levitas y el resto de los deportados- celebraron con júbilo la dedicación de este templo de Dios. Ofrecieron para la dedicación de este templo de Dios cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y, como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, conforme al número de las tribus de Israel. Luego establecieron a los sacerdotes según sus categorías, y a los levitas según sus clases, para el servicio del templo de Dios en Jerusalén, según está escrito en el libro de Moisés.
Los deportados celebraron la Pascua el día catorce del primer mes. Como los levitas se habían purificado todos a una, estaban todos puros. Inmolaron, pues, la pascua para todos los deportados, para sus hermanos los sacerdotes y para sí mismos. Comieron la pascua los israelitas que habían vuelto del destierro y todos aquellos que, habiendo roto con la impureza de la gente del país, se habían unido a ellos para buscar al Señor, Dios de Israel. Celebraron con júbilo, durante siete días, la fiesta de los Ázimos, porque el Señor les había llenado de gozo, pues cambió en su favor el corazón del rey de Asiria para reafirmar sus manos en las obras del templo de su Dios, el Dios de Israel.
Responsorio
℣. ¡Ánimo, pueblo entero! -oráculo del Señor-; a la obra: que yo estoy con vosotros. * La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz.
℟. Vendrá el Deseado de todo el mundo y llenaré de gloria este templo.
℟. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz.
Segunda lectura
San Gregorio de Nisa Tratado sobre el perfecto modelo de cristiano
Manifestemos a Cristo en toda nuestra vida
Hay tres cosas que manifiestan y distinguen la vida del cristiano: la acción, la manera de hablar y el pensamiento. De ellas, ocupa el primer lugar el pensamiento; viene en segundo lugar la manera de hablar, que descubre y expresa con palabras el interior de nuestro pensamiento; en este orden de cosas, al pensamiento y a la manera de hablar sigue la acción, con la cual se pone por obra lo que antes se ha pensado. Siempre, pues, que nos sintamos impulsados a obrar, a pensar o a hablar, debemos procurar que todas nuestras palabras, obras y pensamientos tiendan a conformarse con la norma divina del conocimiento de Cristo, de manera que no pensemos, digamos ni hagamos cosa alguna que se aparte de esta regla suprema.
Todo aquel que tiene el honor de llevar el nombre de Cristo debe necesariamente examinar con diligencia sus pensamientos, palabras y obras, y ver si tienden hacia Cristo o se apartan de él. Este discernimiento puede hacerse de muchas maneras. Por ejemplo, toda obra, pensamiento o palabra que vayan mezclados con alguna perturbación no están, de ningún modo, de acuerdo con Cristo, sino que llevan la impronta del adversario, el cual se esfuerza en mezclar con las perlas el cieno de la perturbación, con el fin de afear y destruir el brillo de la piedra preciosa.
Por el contrario, todo aquello que está limpio y libre de toda turbia afección tiene por objeto al autor y príncipe de la tranquilidad, que es Cristo; él es la fuente pura e incorrupta, de manera que el que bebe y recibe de él sus impulsos y afectos internos ofrece una semejanza con su principio y origen, como la que tiene el agua nítida del ánfora con la fuente de la que procede.
En efecto, es la misma y única nitidez la que hay en Cristo y en nuestras almas. Pero con la diferencia de que Cristo es la fuente de donde nace esta nitidez, y nosotros la tenemos derivada de esta fuente. Es Cristo quien nos comunica el adorable conocimiento de sí mismo, para que el hombre, tanto en lo interno como en lo externo, se ajuste y adapte, por la moderación y rectitud de su vida, a este conocimiento que proviene del Señor, dejándose guiar y mover por él. En esto consiste (a mi parecer) la perfección de la vida cristiana: en que, hechos participes del nombre de Cristo por nuestro apelativo de cristianos, pongamos de manifiesto, con nuestros sentimientos, con la oración y con nuestro género de vida, la virtualidad de este nombre.
Responsorio
℟. Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús.
℣. Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.
℟. Sea todo en nombre del Señor Jesús.
Oración
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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