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lunes 22 de junio de 2026

Oficio de lectura

Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.

O bien:

Y dijo el Señor Dios en el principio:
"¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!"
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.

Salmodia

Ant. 1

¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.

Salmo 72-I: Por qué sufre el justo

¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.

Ant. 2

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Salmo 72-II

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.

Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.

Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Ant. 3

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.

Salmo 72-III

Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.

Pero yo siempre estaré contigo,
tu agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.

¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.

Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sion.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.

Versículo

℣. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.

℟. Más que miel en la boca.

Primera lectura

Del libro del profeta Zacarías Za 8, 1-17.20-23

Promesa de paz y salvación universal que provendrán

El Señor dirigió la palabra en estos términos: Así dice el Señor: Siento celos de Sion, unos celos terribles; siento por ella pasión, una pasión enorme.

Así dice el Señor: Volveré a Sion, habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad-de-Fidelidad, y el monte del Señor Sebaot, Monte-de-Santidad.

Así dice el Señor: Aún se sentarán viejos y viejas en las plazas de Jerusalén, cada cual con su bastón en la mano, de tan viejos que se harán; las plazas de la ciudad se llenarán de muchachos y muchachas, que jugarán en sus plazas.

Así dice el Señor: Y si en aquellos días esto parece imposible al Resto de este pueblo, ¿también yo he de juzgarlo imposible? -oráculo del Señor Sebaot-.

Así dice el Señor: Voy a salvar a mi pueblo, a traerlo de oriente, del país donde se pone el sol; voy a traerlos para que moren en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios con fidelidad y con justicia.

Así dice el Señor: Recobrad el ánimo, vosotros que oísteis esos días las palabras pronunciadas por los profetas, desde el día en que se echaron los cimientos del templo del Señor Sebaot para reconstruirlo. Porque hasta esos días no había paga ni para los hombres ni para el ganado; no había paz para hacer una vida normal, a causa del enemigo, y yo había dado rienda suelta a los enfrentamientos entre los hombres. Pero ahora ya no seré para el Resto de este pueblo como en días pasados, oráculo del Señor Sebaot. Porque hay simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra dará sus productos y los cielos darán su rocío; y yo daré en posesión al Resto de este pueblo todas estas cosas. Y del mismo modo que fuisteis malditos entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré yo, y seréis benditos; ¡no tengáis miedo, recobrad el ánimo!

Así dice el Señor: Aunque decidí haceros mal cuando me irritaron vuestros padres -dice el Señor- y no me arrepentí de ello, en estos días he decidido favorecer a Jerusalén y a la casa de Judá: ¡no temáis!

Esto es lo que debéis hacer: Deciros la verdad unos a otros; juzgar con equidad en vuestros tribunales; no maquinar el mal entre vosotros, y no aficionarse a jurar en falso, porque odio todas estas cosas, oráculo del Señor.

Así dice el Señor: Todavía vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades. Y los habitantes de una ciudad irán a la otra diciendo: «Vamos a aplacar al Señor y a visitar al Señor Sebaot: ¡yo también voy!» Y vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a visitar al Señor Sebaot en Jerusalén, y a aplacar al Señor.

Así dice el Señor: Aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.»

Responsorio

℣. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente. * Fortaleced vuestras manos los que escuchasteis aquel día esta palabra de boca de los profetas.

℟. Vosotros sois hijos de los profetas y de la alianza que estableció Dios con vuestros padres.

℟. Fortaleced vuestras manos los que escuchasteis aquel día esta palabra de boca de los profetas.

Segunda lectura

San Gregorio de Nisa Del tratado sobre el perfecto modelo del cristiano (PG 46, 254-255)

El cristiano es otro Cristo

Pablo, mejor que nadie, conocía a Cristo y enseñó, con sus obras, cómo deben ser los que de él han recibido su nombre, pues lo imitó de una manera tan perfecta que mostraba en su persona una reproducción del Señor, ya que, por su gran diligencia en imitarlo, de tal modo estaba identificado con el mismo ejemplar, que no parecía ya que hablara Pablo, sino Cristo, tal como dice él mismo, perfectamente consciente de su propia perfección: “Tendréis la prueba que buscáis de que Cristo habla por mí”. Y también dice: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

Él nos hace ver la gran virtualidad del nombre de Cristo, al afirmar que Cristo es la fuerza y sabiduría de Dios, al llamarlo paz y luz inaccesible en la que habita Dios, expiación, redención, gran sacerdote, Pascua, propiciación de las almas, irradiación de la gloria e impronta de la substancia del Padre, por quien fueron hechos los siglos, comida y bebida espiritual, piedra y agua, fundamento de la fe, piedra angular, imagen del Dios invisible, gran Dios, cabeza del cuerpo que es la Iglesia, primogénito de la nueva creación, primicias de los que han muerto, primogénito de entre los muertos, primogénito entre muchos hermanos, mediador entre Dios y los hombres, Hijo unigénito coronado de gloria y de honor, Señor de la gloria, origen de las cosas, rey de justicia y rey de paz, rey de todos, cuyo reino no conoce fronteras.

Estos nombres y otros semejantes le da, tan numerosos que no pueden contarse. Nombres cuyos diversos significados, si se comparan y relacionan entre sí, nos descubren el admirable contenido del nombre de Cristo y nos revelan, en la medida en que nuestro entendimiento es capaz, su majestad inefable.

Por lo cual, puesto que la bondad de nuestro Señor nos ha concedido una participación en el más grande, el más divino y el primero de todos los nombres, al honrarnos con el nombre de «cristianos», derivado del de Cristo, es necesario que todos aquellos nombres que expresan el significado de esta palabra se vean reflejados también en nosotros, para que el nombre de «cristianos» no aparezca como una falsedad, sino que demos testimonio del mismo con nuestra vida.

Responsorio

℟. Que se alegren, Señor, los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que se llenen de gozo. Los que aman tu nombre.

℟. Caminarán, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día.

℟. Los que aman tu nombre.

Oración

Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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