LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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jueves 29 de julio de 2027

Vísperas

Santos Marta, María y Lázaro

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

¡Qué allegada estuviste, oh, Marta,
al corazón de Cristo!
que tus méritos nos hagan provechoso
este himno que entonamos en tu alabanza.

El Señor se hospedó a menudo
en la quietud apacible de tu casa;
allí se complacía en tus palabras
y en la premura de tus desvelos.

Eres la primera en lamentar la muerte de Lázaro
y te deshaces en lágrimas con María,
cuando ves repentinamente
que el grito del Maestro lo ha devuelto a la vida.

Tú, que después que Jesús te probara,
confesaste con fe pronta tu esperanza en la resurrección,
haz ardientes nuestros pasos
en el camino que lleva al reino de los cielos.

El honor, la fuerza y el poder al Padre,
al Hijo y al santo Pneuma;
que nos concedan contemplar
eternamente contigo su gloria. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Salmo 29: Acción de gracias por la curación de un enfermo en peligro de muerte

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Ant. 2

Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Salmo 31: Acción de gracias de un pecador perdonado

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

- Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Ant. 3

El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Apocalipsis 11, 17-18; 12, 10b-12a: El juicio de Dios

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Lectura breve

Rm 8, 28-30

Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Responsorio

℣. * El Señor es justo y ama la justicia.

℟. El Señor es justo y ama la justicia.

℣. Los buenos verán su rostro.

℟. Y ama la justicia.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. El Señor es justo y ama la justicia.

Magníficat

Ant.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a su hermano Lázaro.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a su hermano Lázaro.

Preces

Pidamos a Dios Padre, fuente de toda santidad, que, con la intercesión y el ejemplo de los santos, nos impulse a una vida santa, y digamos:

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

- Padre santo, que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos, haz que la Iglesia santa, extendida por los confines de la tierra, cante tus grandezas.

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

- Padre Santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito, ayúdanos a dar fruto de buenas obras.

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

- Padre Santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo, guárdanos en tu nombre, para que todos seamos uno.

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

- Padre santo, que nos convocas al banquete de tu reino, haz que, comiendo el pan que ha bajado del cielo, alcancemos la perfección del amor.

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

- Padre santo, perdona a los pecadores sus delitos, y admite a los difuntos en tu reino, para que puedan contemplar tu rostro.

Seamos santos, porque tú, Señor, eres Santo.

Padrenuestro

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Oración

Oh, Dios, tu Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó hospedarse en casa de Marta, haz que, sirviéndole a él fielmente en nuestros hermanos, merezcamos, con María, ser alimentados con la meditación de su palabra. Él, Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

℟. Amén.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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