LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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martes 26 de enero de 2027

Vísperas

Santos Timoteo y Tito, obispos

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

Salmodia

Ant. 1

El Señor rodea a su pueblo.

Salmo 124: El Señor vela por su pueblo

Los que confían en el Señor son como el monte Sion:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El Señor rodea a su pueblo.

Ant. 2

Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Ant. 3

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Apocalipsis 4, 11; 5, 9. 10. 12: Himno de los redimidos

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Lectura breve

1 P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Responsorio

℣. * Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

℟. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

℣. El que entregó su vida por sus hermanos.

℟. El que ora mucho por su pueblo.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

Magníficat

Ant.

Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición del Señor.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.

Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición del Señor.

Preces

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente, diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

- Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia, haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Salva a tu pueblo, Señor.

- Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, como Moisés, perdonaste los pecados del pueblo, santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Salva a tu pueblo, Señor.

- Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste, llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Salva a tu pueblo, Señor.

- Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores, no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Salva a tu pueblo, Señor.

- Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Salva a tu pueblo, Señor.

Padrenuestro

Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Oración

Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

℟. Amén.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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