LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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viernes 11 de diciembre de 2026

Vísperas

Viernes de la 2ª semana de Adviento

Adviento

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de Madre,
y reúne a sus hijos en vela,
para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

O bien:

¡Marana tha!
¡Ven, Señor Jesús!

Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.

El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven, Señor!"
Quien lo oiga, diga: "¡Ven, Señor!"

Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.

Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

Salmodia

Ant. 1

Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114: Acción de gracias

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Ant. 2

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 120: El guardián del pueblo

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Ant. 3

Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Apocalipsis 15, 3-4: Himno de adoración

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Lectura breve

2 P 3, 8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

Responsorio

℣. * Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

℟. Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

℣. Que brille tu rostro y nos salve.

℟. Señor Dios de los ejércitos.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

Magníficat

Ant.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador.

Preces

Roguemos a nuestro Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

- Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen para que también ellos vean tu salvación.

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

- Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta el confín de la tierra y que todos los hombres descubran el camino que conduce a ti.

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

- Tú que viniste por vez primera para salvar al mundo, ven de nuevo para salvar a los que en ti creen.

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

- Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos, consérvala, Señor, con tu poder, y defiéndela siempre.

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

- Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al mundo, da en tu venida el premio eterno a los difuntos.

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

Padrenuestro

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Oración

Señor, que tu pueblo permanezca en vela aguardando la venida de tu Hijo, para que, siguiendo las enseñanzas de nuestro Salvador, salgamos a su encuentro, cuando él llegue, con las lámparas encendidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

℟. Amén.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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