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jueves 11 de junio de 2026

Primeras Vísperas

Sagrado Corazón de Jesús

Tiempo ordinario· Vísperas del día siguiente

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Mi Cristo, tú no tienes
la lóbrega mirada de la muerte.
Tus ojos no se cierran:
son agua limpia donde puedo verme.

Mi Cristo, tú no puedes
cicatrizar la llaga del costado:
un corazón tras ella
noches y días me estará esperando.

Mi Cristo, tú conoces
la intimidad oculta de mi vida.
Tú sabes mis secretos:
te los voy confesando día a día.

Mi Cristo, tú aleteas
con los brazos unidos al madero.
¡Oh valor que convida
a levantarse puro sobre el suelo!

Mi Cristo, tú sonríes
cuando te hieren, sordas, las espinas.
Si mi cabeza hierve,
haz, Señor, que te mire y te sonría.

Mi Cristo, tú que esperas
mi último beso darte ante la tumba.
También mi joven beso
descansa en ti de la incesante lucha. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Con amor eterno nos ha amado Dios; por esto al ser elevado sobre la tierra, nos ha atraído hacia su corazón, compadeciéndose de nosotros.

Salmo 112: Alabado sea el nombre de Dios

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Con amor eterno nos ha amado Dios; por esto al ser elevado sobre la tierra, nos ha atraído hacia su corazón, compadeciéndose de nosotros.

Ant. 2

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.

Salmo 145: Felicidad de los que esperan en Dios

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.

Ant. 3

Yo soy el buen Pastor, que apaciento mis ovejas y doy mi vida por ellas.

Apocalipsis 4, 11; 5, 9. 10. 12: Himno de los redimidos

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Yo soy el buen Pastor, que apaciento mis ovejas y doy mi vida por ellas.

Lectura breve

Ef 5, 25b-27

Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada.

Responsorio

℣. * Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

℟. Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

℣. Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre.

℟. Por su sangre.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

Magníficat

Ant.

He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.

He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Preces

Invoquemos hermanos, a Jesús, que es nuestro descanso, y pidámosle:

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, de tu corazón traspasado por la lanza salió sangre y agua, dando así nacimiento a tu esposa, la Iglesia, haz que sea santa e inmaculada.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, templo sagrado de Dios, destruido por los hombres y levantado de nuevo por el Padre, haz que la Iglesia sea verdadera morada del Altísimo.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, rey y centro de todos los corazones, que nos amas con ese amor eterno y nos atraes hacia ti, compadecido de nosotros, renueva tu alianza con los hombres.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, paz y reconciliación nuestra, que hiciste las paces entre los hombres, uniéndolos en un solo hombre nuevo, y mediante la cruz diste muerte al odio, haz que podamos acercarnos al Padre.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, vida y resurrección nuestra, alivio de los que están agobiados, en quien encontramos nuestro descanso, atrae hacia ti a los pecadores.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

- Jesús, que, por el gran amor con que nos amaste, te sometiste incluso a la muerte de cruz, resucita a todos los que han muerto en paz contigo.

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

Padrenuestro

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Oración

Dios todopoderoso, al celebrar la solemnidad del Corazón de tu Hijo unigénito, recordamos los beneficios de su amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

℟. Amén.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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