LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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martes 13 de diciembre de 2022

Vísperas

Santa Lucía, virgen y mártir

Adviento

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

Salmodia

Ant. 1

El Señor rodea a su pueblo.

Salmo 124: El Señor vela por su pueblo

Los que confían en el Señor son como el monte Sion:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El Señor rodea a su pueblo.

Ant. 2

Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Ant. 3

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Apocalipsis 4, 11; 5, 9. 10. 12: Himno de los redimidos

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Lectura breve

1 P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

Responsorio

℣. * Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.

℟. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.

℣. Nos refinaste como refinan la plata.

℟. Pero nos has dado un respiro.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.

Magníficat

Ant.

Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.

Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

Preces

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:

Te glorificamos, Señor.

- Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio: Te glorificamos, Señor.

Te glorificamos, Señor.

- Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu reino: Te glorificamos, Señor.

Te glorificamos, Señor.

- Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados: Te glorificamos, Señor.

Te glorificamos, Señor.

- Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina: Te glorificamos, Señor.

Te glorificamos, Señor.

- Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos: Te glorificamos, Señor.

Te glorificamos, Señor.

Padrenuestro

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Oración

Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

℟. Amén.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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