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lunes 17 de septiembre de 2029

Oficio de lectura

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.

O bien:

Y dijo el Señor Dios en el principio:
"¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!"
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!"

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.

Salmodia

Ant. 1

¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.

Salmo 72-I: Por qué sufre el justo

¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.

Ant. 2

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Salmo 72-II

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.

Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.

Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Ant. 3

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.

Salmo 72-III

Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.

Pero yo siempre estaré contigo,
tu agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.

¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.

Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sion.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.

Versículo

℣. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.

℟. Más que miel en la boca.

Primera lectura

Del libro del profeta Oseas Os 9, 1-14

Predicción del exilio y de la esterilidad

No te regocijes, Israel, no te alegres como los pueblos, pues te has prostituido, lejos de tu Dios, y amas ese salario más que las eras de trigo. Ni la era ni el lagar los alimentarán, y el mosto los dejará corridos. Ya no habitarán en la tierra del Señor: Efraín volverá a Egipto, y en Asiria comerán alimentos impuros. No harán al Señor libaciones de vino, ni sus sacrificios le agradarán: serán para ellos como pan de duelo, que deja impuro a cuantos lo comen; porque su pan es sólo para ellos, no entrará en el templo del Señor.

¿Qué ofreceréis el día de solemnidad, el día de la fiesta del Señor? Vedlos, han huido de la devastación: Egipto los reunirá, Menfis los sepultará; sus tesoros de plata los heredarán las ortigas, zarzas invadirán sus tiendas.

Han llegado los días del castigo, han llegado los días de la retribución. ¡Que lo sepa Israel! -«¡El profeta es un necio, un loco el hombre del espíritu!» -Por la magnitud de tu culpa, por tu enorme hostilidad. El vigía de Efraín es un profeta junto a mi Dios: una trampa de cazador en todos sus caminos, hostilidad en la Casa de su Dios.

Han llegado al fondo de la corrupción, como en los días de Guibeá; él recordará sus culpas y visitará sus pecados. Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva que despunta en la higuera, vi a vuestros padres.

Pero al llegar a Baal Peor se consagraron a la Infamia, y se hicieron tan abominables como el objeto de su amor. Efraín es como un pájaro, se le vuela su gloria desde el nacimiento, desde el seno, desde la concepción. Y aunque críen a sus hijos, yo les privaré de ellos antes que se hagan hombres: y ¡ay de ellos cuando yo los abandone! Efraín, cuando veo a Tiro, estaba plantada en la pradera, pero Efraín tendrá que sacar sus hijos al verdugo. Dales, Señor, ¿qué les darás? ¡Dales un seno que aborte y pechos resecos!

Responsorio

℣. No te alegres, Israel, no te regocijes como otros pueblos, porque te has prostituido abandonando a tu Dios. * Conviértete al Señor tu Dios, pues por tu pecado has sucumbido.

℟. Te matan, Israel, porque sólo en mí está tu auxilio.

℟. Conviértete al Señor tu Dios, pues por tu pecado has sucumbido.

Segunda lectura

San Agustín de Hipona Del sermón sobre los pastores. Sermón 46, 3-4: CCL 41, 530-531

Los pastores que se apacientan a sí mismos

Oigamos, pues, lo que la palabra divina, sin halagos para nadie, dice a los pastores que se apacientan a sí mismos en vez de apacentar a las ovejas: “Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas y, las ovejas, no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo”.

Se acusa a los pastores que se apacientan a sí mismos en vez de a las ovejas, por lo que buscan y lo que descuidan. ¿Qué es lo que buscan? “Os coméis su enjundia, os vestís con su lana”. Pero por qué dice el Apóstol: “¿Quién planta una viña, y no come de su fruto? ¿Qué pastor no se alimenta de la leche del rebaño?” Palabras en las que vemos que se llama leche del rebaño a lo que el pueblo de Dios da a sus responsables para su sustento temporal. De eso hablaba el Apóstol cuando decía lo que acabamos de referir.

Ya que el Apóstol, aunque había preferido vivir del trabajo de sus manos y no exigir de las ovejas ni siquiera su leche, sin embargo, afirmó su derecho a percibir aquella leche, pues el Señor había dispuesto que los que anuncian el Evangelio vivan de él. Y, por eso, dice que otros de sus compañeros de apostolado habían hecho uso de aquella facultad, no usurpada, sino concedida. Pero él fue más allá y no quiso recibir siquiera lo que se le debía. Renunció, por tanto, a su derecho, pero no por eso los otros exigieron algo indebido: simplemente, fue más allá. Quizás pueda relacionarse con esto lo de aquel hombre que dijo, al conducir al herido a la posada: “Lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”.

¿Y qué más vamos a decir de aquellos pastores que no necesitan la leche del rebaño? Que son misericordiosos, o mejor, que desempeñan con más largueza su deber de misericordia. Pueden hacerlo, y por esto lo hacen. Han de ser alabados por ello, sin por eso condenar a los otros. Pues el Apóstol mismo, que no exigía lo que era un derecho suyo, deseaba, sin embargo, que las ovejas fueran productivas, y no estériles y faltas de leche

Responsorio

℟. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear —oráculo del Señor Dios—. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas.

℟. Curaré a las enfermas, a las gordas y fuertes las guardaré.

℟. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas.

Oración

Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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