miércoles 28 de junio de 2028
Oficio de lectura
San Ireneo de Lyon, obispo, mártir y doctor de la Iglesia
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.
Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cireneos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
elevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.
Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
la luz del sol tiñe de rojo el cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidos.
Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.
Salmodia
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Salmo 54, 2-15. 17-24-I: Oración ante la traición de un amigo
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se me retuercen dentro las entrañas,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría enseguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Salmo 54, 2-15. 17-24-II
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
Juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.
Salmo 54, 2-15. 17-24-III
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.
Versículo
℣. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.
℟. Presta oído a mi inteligencia.
Primera lectura
Del libro de Esdrás Esd 7, 6-28
Misión del sacerdote Esdras
Esdras subió de Babilonia. Era un escriba versado en la Ley de Moisés que había dado el Señor, Dios de Israel. Como la mano del Señor su Dios estaba con él, el rey le concedió todo lo que pedía. Subieron también a Jerusalén, el año séptimo del rey Artajerjes, algunos israelitas, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y donados. Llegó a Jerusalén el mes quinto: era el año séptimo del rey. Había decidido salir de Babilonia el día uno del primer mes, y llegó a Jerusalén el día uno del quinto mes. La mano bondadosa de su Dios estaba con él, porque Esdras había aplicado su corazón a escrutar la Ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar en Israel los preceptos y las normas.
Ésta es la copia del documento que el rey Artajerjes entregó a Esdras, el sacerdote escriba, dedicado a escribir las palabras de los mandamientos del Señor y sus decretos acerca de Israel.
Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, secretario de la Ley del Dios del cielo, paz perfecta. «Éstas son mis órdenes: Todo aquel que en mi reino pertenezca al pueblo de Israel, o a sus sacerdotes o sus levitas, y quiera volver a Jerusalén, puede partir contigo, ya que el rey y sus siete consejeros te envían para inspeccionar a Judá y Jerusalén en lo referente a la Ley de tu Dios que está en tus manos, y para llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén, así como toda la plata y el oro que hayas reunido de toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias que el pueblo y los sacerdotes hayan hecho para el templo de su Dios en Jerusalén. Con este dinero procura comprar novillos, carneros, corderos, con las oblaciones y libaciones correspondientes, para ofrecerlo luego sobre el altar del templo de vuestro Dios en Jerusalén. La plata y el oro que sobre, lo emplearéis como mejor os parezca a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de vuestro Dios. Los utensilios que se te entregan para el servicio del templo de tu Dios, deposítalos delante de tu Dios en Jerusalén. El tesoro real te proporcionará las restantes cosas que necesites para el templo de tu Dios. Yo, el rey Artajerjes, doy esta orden a todos los tesoreros de Transeufratina: `Todo lo que os pida el sacerdote Esdras, Secretario de la Ley del Dios del cielo, se lo daréis puntualmente, hasta la suma de cien talentos de plata, cien cargas de trigo, cien medidas de vino y cien medidas de aceite; la sal se le dará sin tasa. Todo lo que ordena el Dios del cielo debe ser cumplido con celo para el templo del Dios del cielo, a fin de que la Cólera no caiga sobre el reino del rey y de sus hijos. Os hacemos saber también que no se puede percibir impuesto, contribución o peaje de ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, donados ni de ninguno de los servidores de este templo de Dios.ʹ
«Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios, que posees, nombra jueces y magistrados que administren la justicia a todo el pueblo de Transeufratina, a todos los que conocen la Ley de tu Dios. A quienes la ignoran, habréis de enseñársela. Y a todo aquel que no cumpla la Ley de tu Dios y la ley del rey, aplíquesele una rigurosa justicia: muerte, destierro, multa o cárcel.»
¡Bendito sea el Señor, Dios de nuestros padres, que movió de esta manera el corazón del rey para glorificar el templo del Señor en Jerusalén, y me granjeó el favor del rey, de sus consejeros y de los altos jefes del rey! Yo cobré ánimo porque la mano del Señor, mi Dios, estaba conmigo, y reuní a los jefes de Israel para que salieran conmigo.
Responsorio
℣. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: * a ti gloria y alabanza por los siglos.
℟. Bendito sea el Señor que movió al rey y me granjeó su favor.
℟. A ti gloria y alabanza por los siglos.
Segunda lectura
San Ireneo Contra las herejías (libro 4, 20, 5-7: SC 100, 640-642.644-648
La gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios
La claridad de Dios vivifica y, por tanto, los que ven a Dios reciben la vida. Por esto, aquel que supera nuestra capacidad, que es incomprensible, invisible, se hace visible y comprensible para los hombres, se adapta a su capacidad, para dar vida a los que lo perciben y lo ven. Vivir sin vida es algo imposible, y la subsistencia de esta vida proviene de la participación de Dios, que consiste en ver a Dios y gozar de su bondad.
Los hombres, pues, verán a Dios y vivirán, ya que esta visión los hará inmortales, al hacer que lleguen hasta la posesión de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los profetas de un modo velado, a saber, que verán a Dios los que son portadores de su Espíritu y esperan continuamente su venida. Como dice Moisés en el Deuteronomio : Aquel día veremos que puede Dios hablar a un hombre y seguir éste con vida.
Aquel que obra todo en todos es invisible e inefable en su ser y en su grandeza, con respecto a todos los seres creados por él, mas no por esto deja de ser conocido, porque todos sabemos, por medio de su Verbo, que es un solo Dios Padre, que lo abarca todo y que da el ser a todo; este conocimiento viene atestiguado por el evangelio, cuando dice: A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Así, pues, el Hijo nos ha dado a conocer al Padre desde el principio, ya que desde el principio está con el Padre; él, en efecto, ha manifestado al género humano el sentido de las visiones proféticas, de la distribución de los diversos carismas, con sus ministerios, y en qué consiste la glorificación del Padre, y lo ha hecho de un modo consecuente y ordenado, a su debido tiempo y con provecho; porque donde hay orden allí hay armonía, y donde hay armonía allí todo sucede a su debido tiempo, y donde todo sucede a su debido tiempo allí hay provecho.
Por esto, el Verbo se ha constituido en distribuidor de la gracia del Padre en provecho de los hombres, en cuyo favor ha puesto por obra los inescrutables designios de Dios, mostrando a Dios a los hombres, presentando al hombre a Dios; salvaguardando la invisibilidad del Padre, para que el hombre tuviera siempre un concepto muy elevado de Dios y un objetivo hacia el cual tender, pero haciendo también visible a Dios para los hombres, realizando así los designios eternos del Padre, no fuera que el hombre, privado totalmente de Dios, dejara de existir; porque la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios. En efecto, si la revelación de Dios a través de la creación es causa de vida para todos los seres que viven en la tierra, mucho más lo será la manifestación del Padre por medio del Verbo para los que ven a Dios.
Responsorio
℟. «Una doctrina auténtica llevaba en la boca, y en sus labios no se hallaba maldad; se portaba conmigo con integridad y rectitud», dice el Señor.
℣. Mi mano estaba siempre con él y mi brazo lo hizo valeroso.
℟. Se portaba conmigo con integridad y rectitud», dice el Señor.
Oración
Señor, Dios nuestro, que otorgaste a tu obispo san Ireneo la gracia de mantener incólume la doctrina y la paz de la Iglesia, concédenos, por su intercesión, renovarnos en fe y en caridad y trabajar sin descanso por la concordia y la unidad entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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