lunes 28 de febrero de 2028
Oficio de lectura
Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.
Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.
Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
O bien:
Y dijo el Señor Dios en el principio:
"¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!"
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.
Salmodia
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Salmo 72-I: Por qué sufre el justo
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Salmo 72-II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Salmo 72-III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tu agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sion.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Versículo
℣. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.
℟. Más que miel en la boca.
Primera lectura
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2 Co 8, 1-24
Colecta a favor de Jerusalén
Os damos a conocer, hermanos, la gracia que Dios ha otorgado a las iglesias de Macedonia. Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, han rebosado de alegría y su extrema pobreza ha desbordado en tesoros de generosidad. Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aun sobre sus posibilidades, espontáneamente nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en este servicio en bien de los santos. Y superando nuestras esperanzas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor, y luego a nosotros, por voluntad de Dios, de forma que rogamos a Tito llevara a buen término entre vosotros esta generosidad, tal como la había comenzado.
Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad. No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad. Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de enriqueceros con su pobreza. Os doy un consejo sobre el particular que va con vosotros: ya que desde el año pasado habéis sido los primeros no sólo en hacer la colecta, sino también en tomar la iniciativa, ahora llevadla también a cabo, de forma que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda la realización conforme a vuestras posibilidades. Pues cuando hay buena voluntad, es bien acogida por lo que se tiene, no por lo que no se tiene. No se trata de que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino de procurar la igualdad. Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar también vuestra necesidad y reine la igualdad, como dice la Escritura: <i>El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos. </i>
¡Gracias sean dadas a Dios, que pone en el corazón de Tito el mismo interés por vosotros!, pues aceptó mi ruego y, más solícito que nunca, por propia iniciativa, fue donde vosotros. Con él enviamos al hermano, cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las iglesias. Y no sólo eso, sino que fue designado por elección de todas las iglesias como compañero nuestro de viaje en esta colecta que administramos para la gloria del mismo Señor, y por iniciativa nuestra. Así evitaremos todo motivo de reproche por esta abundante suma que administramos; pues <i>procuramos el bien </i>no sólo <i>delante del Señor </i>sino <i>también </i>delante de los hombres. Con ellos os enviamos también al hermano nuestro, cuya solicitud tenemos ya comprobada muchas veces y de muchas maneras; solicitud aún mayor ahora por la gran confianza que tiene en vosotros.
En cuanto a Tito, es compañero y colaborador mío entre vosotros; en cuanto a los demás hermanos, son los delegados de las iglesias: la gloria de Cristo. Mostrad, pues, ante la faz de las iglesias, vuestra caridad y la verdad de nuestro orgullo respecto de vosotros.
Responsorio
℣. Bien conocéis la liberalidad de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros * para que os enriquecierais con su pobreza.
℟. Se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo.
℟. Para que os enriquecierais con su pobreza.
Segunda lectura
San Gregorio Magno Tratados morales sobre Job 3, 15-16
Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
El apóstol Pablo, considerando en sí mismo las riquezas de la sabiduría interior y viendo al mismo tiempo que en lo exterior no es más que un cuerpo corruptible, dice: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro. En el bienaventurado Job, la vasija de barro experimenta exteriormente las desgarraduras de sus úlceras, pero el tesoro interior permanece intacto. En lo exterior crujen sus heridas, pero del tesoro de sabiduría que nace sin cesar en su interior emanan estas palabras llenas de santas enseñanzas: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Entendiendo por bienes los dones de Dios, tanto temporales como eternos, y por males las calamidades presentes acerca de las cuales dice el Señor por boca del profeta: Yo soy el Señor, y no hay otro; artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia.
Artífice de la luz, creador de las tinieblas, porque, cuando por las calamidades exteriores son creadas las tinieblas del sufrimiento, en lo interior se enciende la luz del conocimiento espiritual. Autor de la paz, creador de la desgracia, porque precisamente entonces se nos devuelve la paz con Dios, cuando las cosas creadas, que son buenas en sí, pero que no siempre son rectamente deseadas, se nos convierten en calamidades y causa de desgracia. Por el pecado perdemos la unión con Dios; es justo, por tanto, que volvamos a la paz con él a través de las calamidades; de este modo, cuando cualquier cosa creada, buena en sí misma, se nos convierte en causa de sufrimiento, ello nos sirve de corrección, para que volvamos humildemente al autor de la paz.
Pero, en estas palabras de Job, con las que responde a las imprecaciones de su esposa, debemos considerar principalmente lo llenas que están de buen sentido. Dice, en efecto: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Es un gran consuelo en medio de la tribulación acordarnos, cuando llega la adversidad, de los dones recibidos de nuestro Creador. Si acude en seguida a nuestra mente el recuerdo reconfortante de los dones divinos, no nos dejaremos doblegar por el dolor. Por esto, dice la Escritura: En el día dichoso no te olvides de la desgracia, en el día desgraciado no te olvides de la dicha.
En efecto, aquel que en el tiempo de los favores se olvida del temor de la calamidad cae en la arrogancia por su actual satisfacción. Y el que en el tiempo de la calamidad no se consuela con el recuerdo de los favores recibidos es llevado a la más completa desesperación por su estado mental.
Hay que juntar, pues, lo uno y lo otro, para que se apoyen mutuamente; así, el recuerdo de los favores templará el sufrimiento de la calamidad, y la previsión y temor de la calamidad moderará la alegría de los favores. Por esto, aquel santo varón, en medio de los sufrimientos causados por sus calamidades, calmaba su mente angustiada por tantas heridas con el recuerdo de los favores pasados, diciendo: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
Responsorio
℟. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; como agradó al Señor, así ha sucedido; bendito sea el nombre del Señor.
℣. A pesar de todo, Job no pecó con sus labios.
℟. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; como agradó al Señor, así ha sucedido; bendito sea el nombre del Señor.
Oración
Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios, gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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