sábado 12 de febrero de 2028
Oficio de lectura
Sábado de la 5ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Gracias, Señor, por la aurora;
gracias por el nuevo día;
gracias por la Eucaristía;
gracias por nuestra Señora.
Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
Salmodia
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
Salmo 131-I: Promesas a la casa de David
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
"No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob."
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Salmo 131-II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono."
Porque el Señor ha elegido a Sion,
ha deseado vivir en ella:
"Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema".
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Versículo
℣. Venid a ver las obras del Señor.
℟. Las maravillas que hace en la tierra.
Primera lectura
Del libro del Génesis Gn 49, 1-28.33
Jacob bendice a sus hijos
Llamó Jacob a sus hijos y dijo: «Reuníos, que yo os muestre lo que os sucederá al cabo de los días. Apiñaos y oíd, hijos de Jacob, oíd a Israel vuestro padre.
Rubén, mi primogénito tú, mi vigor, la primicia de mi virilidad, exceso de pasión, exceso de ímpetu: hierves como agua, ¡no te desbordes!, porque subiste al lecho de tu padre, violando mi tálamo indignamente.
Simeón y Leví, hermanos; instrumento de violencia sus espadas. En su concejo no entres, alma mía, a su asamblea no te unas, honra mía, porque enojados mataban hombres, y por gusto desjarretaban toros. ¡Maldito su enojo, tan violento, y su cólera, tan dura! Los repartiré por Jacob y los dispersaré por Israel.
A ti, Judá, te alaben tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos: ¡inclínense ante ti los hijos de tu padre! Cachorro de león, Judá; de la caza, hijo mío, vuelves; se agacha, se echa cual león o cual leona, ¿quién le va a desafiar? No se irá cetro de mano de Judá, bastón de mando de entre sus piernas, hasta que venga el que le pertenece, y al que harán homenaje los pueblos. El que ata a la vid su borrico y a la cepa el pollino de su asna; el que lava en vino su túnica y en sangre de uvas su sayo; el de ojos rubicundos por el vino, y blanquean sus dientes más que leche.
Zabulón a la ribera del mar habita, a la ribera de barcos, a horcajadas sobre Sidón.
Isacar, asno robusto echado entre las angarillas. Aunque ve que el reposo es bueno y que la tierra es grata, apresta su lomo a la carga y acaba sometiéndose al trabajo.
Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel. Será Dan culebra en el camino, víbora en el sendero, que pica al caballo en los pulpejos y cae su jinete de espaldas. Por tu salvación aguardo, Señor.
A Gad atracadores le atracan, pero él les atraca por retaguardia.
Aser tiene pingüe su pan y da manjares de rey.
Neftalí, una cierva suelta que da cervatillos hermosos.
Un retoño, José, retoño cabe la fuente, sus vástagos trepan por el muro. Le molestan y acribillan, hostíganle flecheros, mientras sigue firme su arco y sueltos los músculos de sus manos, por las manos del Fuerte de Jacob, por el Nombre del Pastor, la Piedra de Israel, por el Dios de tu padre, y él te ayude, el Dios Sadday, y él te bendiga con bendiciones del cielo por arriba, bendiciones del abismo que yace abajo, bendiciones de ubres y vientre, bendiciones de espigas y frutos, amén de las bendiciones de los montes antiguos, lo apetecible de los collados eternos: ¡Vengan sobre la cabeza de José, sobre el vértice del consagrado de sus hermanos!
Benjamín, lobo rapaz: de mañana devora su presa y a la tarde reparte el despojo.»
Todas éstas son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que les dijo su padre, bendiciéndolos a cada uno con su bendición correspondiente.
Y en habiendo acabado Jacob de hacer encargos a sus hijos, encogió sus piernas en el lecho, expiró y se reunió con los suyos.
Responsorio
℣. Mira que ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David; * él puede abrir el libro y sus siete sellos.
℟. No se apartará de Judá el cetro, hasta que venga aquel a quien le está reservado.
℟. Él puede abrir el libro y sus siete sellos.
Segunda lectura
Beato Isaac de Stella Sermón 31 (PL 194, 1292-1293)
La preeminencia de la caridad
¿Por qué, hermanos, nos preocupamos tan poco de nuestra mutua salvación, y no procuramos ayudarnos unos a otros en lo que más urgencia tenemos de prestarnos auxilio, llevando mutuamente nuestras cargas, con espíritu fraternal? Así nos exhorta el Apóstol, diciendo: Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con eso cumpliréis la ley de Cristo; y en otro lugar: Sobrellevaos mutuamente con amor. En ello consiste, efectivamente, la ley de Cristo.
Cuando observo en mi hermano alguna deficiencia incorregible –consecuencia de alguna necesidad o de alguna enfermedad física o moral—, ¿por qué no lo soporto con paciencia, por qué no lo consuelo de buen grado, tal como está escrito: Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán? ¿No será porque me falta aquella caridad que todo lo aguanta, que es paciente para soportarlo todo, que es benigna en el amor?
Tal es ciertamente la ley de Cristo, que, en su pasión, soportó nuestros sufrimientos y, por su misericordia, aguantó nuestros dolores, amando a aquellos por quienes sufría, sufriendo por aquellos a quienes amaba. Por el contrario, el que hostiliza a su hermano que está en dificultades, el que le pone asechanzas en su debilidad, sea cual fuere esta debilidad, se somete a la ley del diablo y la cumple. Seamos, pues, compasivos, caritativos con nuestros hermanos, soportemos sus debilidades, tratemos de hacer desaparecer sus vicios.
Cualquier género de vida, cualesquiera que sean sus prácticas o su porte exterior, mientras busquemos sinceramente el amor de Dios y el amor del prójimo por Dios, será agradable a Dios. La caridad ha de ser en todo momento lo que nos induzca a obrar o a dejar de obrar, a cambiar las cosas o a dejarlas como están. Ella es el principio por el cual y el fin hacia el cual todo debe ordenarse. Nada es culpable si se hace en verdad movido por ella y de acuerdo con ella.
Quiera concedérnosla aquel a quien no podemos agradar sin ella, y sin el cual nada en absoluto podemos, que vive y reina y es Dios por los siglos inmortales. Amén.
Responsorio
℣. Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: * Que nos amemos unos a otros.
℟. Toda la ley se concentra en esta frase:
℟. Que nos amemos unos a otros.
Oración
Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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