LA ORACIÓN DE CADA DÍA

Todo tiempo es tiempo de Dios.

Elige el día y la hora. Haz silencio, y encuentra tu oración.

Calendario de España

02 ¿Qué deseas rezar?

sábado 25 de septiembre de 2027

Oficio de lectura

Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias por el nuevo día;
gracias por la Eucaristía;
gracias por nuestra Señora.

Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino.

Gracias por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia

Ant. 1

El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Ant. 2

Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.

Salmo 131-I: Promesas a la casa de David

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

"No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob."

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.

Ant. 3

El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.

Salmo 131-II

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono."

Porque el Señor ha elegido a Sion,
ha deseado vivir en ella:
"Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema".

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.

Versículo

℣. Venid a ver las obras del Señor.

℟. Las maravillas que hace en la tierra.

Primera lectura

Del libro del profeta Miqueas Mi 1, 1-9; 2, 1-11

Oráculo contra Samaría y Jerusalén

Palabra del Señor que recibió Miqueas de Moréset, en tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y visiones sobre Samaría y Jerusalén.

¡Escuchad, pueblos todos; atiende, tierra y cuanto la llena! ¡Sea testigo el Señor contra vosotros, el Señor desde su santo Templo! Mirad que el Señor sale de su morada, baja y camina sobre las alturas de la tierra.

Los montes se derriten debajo de él y los valles se agrietan, como la cera junto al fuego, como aguas que se precipitan por la pendiente. Todo esto por el delito de Jacob, por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es el delito de Jacob? ¿No es Samaría? ¿Cuál es el pecado de la casa de Judá? ¿No es Jerusalén?

«Voy a convertir a Samaría en un campo de ruinas, en un plantío de viñas. Haré rodar sus piedras por el valle, dejaré desnudos sus cimientos. Todos sus ídolos serán machacados, todas sus ganancias quemadas en el fuego, aniquilaré todas sus imágenes, porque con ganancias de prostitución las reunió y a ganancias de prostitución tornarán.»

Por eso lloraré y me lamentaré, andaré descalzo y desnudo, lanzaré aullidos como los chacales, y lamentos como las avestruces; porque su herida es incurable, se ha extendido hasta Judá y ha tocado la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén.

¡Ay de aquellos que planean injusticias, que traman maldades en sus lechos y al despuntar el día las ejecutan, porque acaparan el poder! Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; atropellan al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad.

Por eso, así dice el Señor: Mirad que yo planeo contra esa gente una desgracia de la que no podréis apartar vuestro cuello. ¡No caminaréis con arrogancia, porque serán tiempos funestos!

Aquel día os dedicarán una copla, y entonarán una elegía, diciendo: «¡Estamos completamente arruinados; han vendido la herencia de mi pueblo, y no me la devuelven; los invasores se rifan nuestros campos!» Pues bien: no tendréis a nadie que reparta suertes en la asamblea del Señor.

«¡No farfulléis -farfullan ellos- que no farfullen de esa manera! ¡No nos afectará la deshonra! ¿Acaso está maldita la casa de Jacob? ¿Ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es ése su proceder? ¿No son propicias sus palabras para quien actúa correctamente?»

Sois vosotros los que os levantáis como enemigos contra mi pueblo. Además de la túnica le arrancáis el manto a los que desfilan confiados al regreso de la guerra. Expulsáis de sus hogares confortables a las mujeres de mi pueblo y arrancáis a sus niños para siempre mi honor.

«¡Levantaos y marchad, que éste no es lugar de reposo!» Por la impureza pagaréis hipoteca, una hipoteca agobiante. Si llegase un profeta urdiendo mentiras: «Farfullaré para ti por vino y licor», Ése sería un charlatán digno de este pueblo.

Responsorio

℣. Escuchad, pueblos todos; atended, tierra y cuanto hay en ella. * Mirad al Señor que desciende y camina sobre el dorso de la tierra.

℟. Todo esto, por la culpa de Jacob, por el pecado de Israel.

℟. Mirad al Señor que desciende y camina sobre el dorso de la tierra.

Segunda lectura

San Hilario Tratado sobre los salmos 64, 14-15

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios

La acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. No hay duda de qué acequia se trata, pues dice el salmista: El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Y el mismo Señor dice en los evangelios: El que beba del agua que yo le daré, de sus entrañas manarán torrentes de agua viva, que salta hasta la vida eterna. Y en otro lugar: El que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas manarán torrentes de agua viva. Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Así, pues, esta acequia está llena del agua de Dios. Pues, efectivamente, nos hallamos inundados por los dones del Espíritu Santo, y la corriente que rebosa del agua de Dios se derrama sobre nosotros desde aquella fuente de vida. También encontramos ya preparado nuestro alimento.

¿Y de qué alimento se trata? De aquel mediante el cual nos preparamos para la unión con Dios, ya que, mediante la comunión eucarística de su santo cuerpo, tendremos, más adelante, acceso a la unión con su cuerpo santo. Y es lo que el salmo que comentamos da a entender, cuando dice: Preparas los trigales; porque este alimento ahora nos salva y nos dispone además para la eternidad.

A nosotros, los renacidos por el sacramento del bautismo, se nos concede un gran gozo, ya que experimentamos en nuestro interior las primicias del Espíritu Santo, cuando penetra en nosotros la inteligencia de los misterios, el conocimiento de la profecía, la palabra de sabiduría, la firmeza de la esperanza, los carismas medicinales y el dominio sobre los demonios sometidos. Estos dones nos penetran como llovizna y, recibidos, proliferan en multiplicidad de frutos.

Responsorio

℟. Se nutren de lo sabroso de tu casa, Señor, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

℣. Nos saciaremos de los bienes de tu casa.

℟. Porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

Oración

Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

Volver al inicio ↑