sábado 4 de septiembre de 2027
Oficio de lectura
Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Padre nuestro,
Padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.
No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.
No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.
Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo».
Salmodia
Solo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Salmo 135-I: Himno pascual
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Solo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Salmo 135-II
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Dad gracias al Dios del cielo; Él nos libró de nuestros opresores.
Salmo 135-III
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dad gracias al Dios del cielo; Él nos libró de nuestros opresores.
Versículo
℣. Señor, enséñame tus caminos.
℟. Instrúyeme en tus sendas.
Primera lectura
Del libro del profeta Amós Am 5, 18-6, 15
El Día del Señor. Contra el culto exterior a la falsa seguridad
¡Ay de los que ansían el Día del Señor! ¿Qué creéis que es el Día del Señor? ¡Es tinieblas, que no luz! Como cuando uno huye del león y se topa con un oso, o, al entrar en casa, apoya una mano en la pared y le muerde una culebra. ¿No es tinieblas el Día del Señor, y no luz, lóbrego y sin claridad?
Yo detesto, aborrezco vuestras fiestas, no me aplacan vuestras solemnidades. Si me ofrecéis holocaustos no me complazco en vuestras oblaciones, ni miro vuestros sacrificios de comunión de novillos cebados.
¡Aparta de mí el ronroneo de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí, el derecho como agua y la justicia como arroyo perenne! ¿Acaso me presentasteis sacrificios y oblaciones en el desierto, durante cuarenta años, casa de Israel?
Tendréis que cargar con Sacut, vuestro rey, y Queván, imágenes vuestras de astros divinizados, que os habéis fabricado; cuando os deporte más allá de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es Dios Sebaot.
¡Ay de los que se sienten seguros en Sion y de los que confían en la montaña de Samaría, los notables de la capital de las naciones, a quienes acude la casa de Israel! Pasad a Calnó y mirad, pasad de allí a Jamat la grande, bajad luego a Gat de los filisteos.
¿Son acaso mejores que estos reinos? ¿Es su territorio más extenso que el vuestro? ¡(Vosotros sois) los que tratan de alejar el día funesto y acercan un estado de violencia!, los que se acuestan en camas de marfil, arrellanados en sus lechos, los que comen corderos del rebaño y becerros del establo, los que canturrean al son del arpa y se inventan, como David, instrumentos de música, los que beben vino en anchas copas y se ungen con los mejores aceites, pero no se afligen por el desastre de José.
Por eso, ahora irán al destierro a la cabeza de los cautivos y cesará la orgía de los sibaritas. El Señor ha jurado por sí mismo, oráculo del Señor Dios Sebaot: Yo aborrezco la soberbia de Jacob, detesto sus palacios, y voy a entregar la ciudad con cuanto contiene.
Y sucederá que, si quedan diez hombres en una misma casa, morirán. Sólo quedarán unos pocos evadidos para sacar de la casa los huesos; y si se dice al que está en el fondo de la casa: «¿Hay todavía alguien contigo?», dirá: «Ninguno», y añadirá: «¡Silencio!, que no hay que mentar el nombre del Señor».
Pues he aquí que el Señor da la orden y reduce la casa grande a escombros, la casa pequeña a ruinas. ¿Corren los caballos por la roca?, ¿se ara con bueyes el mar?, ¡pues vosotros convertís en veneno el derecho y en ajenjo el fruto de la justicia! ¡(Vosotros sois) los que os alegráis por Lo-Debar, los que decís: «¿No tomamos Carnáin con nuestra propia fuerza?»
¡Pues voy a suscitar contra vosotros, casa de Israel, -oráculo del Señor, Dios Sebaot- una nación que os oprimirá desde la Entrada de Jamat hasta el torrente de la Arabá!
Responsorio
℣. ¡Ay de los que ansían el día del Señor! Detesto y rehúso vuestras fiestas, no quiero oler vuestras ofrendas. * Buscad al Señor, que convierte la sombra en aurora.
℟. El día del Señor es tenebroso y sin luz, oscuridad sin resplandor.
℟. Buscad al Señor, que convierte la sombra en aurora.
Segunda lectura
San León Magno Sermón sobre las bienaventuranzas 95, 4-6
La dicha del reino de Cristo
Después de hablar de la pobreza, que tanta felicidad proporciona, siguió el Señor diciendo: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Queridísimos hermanos, el llanto al que está vinculado un consuelo eterno es distinto de la aflicción de este mundo. Los lamentos que se escuchan en este mundo no hacen dichoso a nadie. Es muy distinta la razón de ser de los gemidos de los santos, la causa que produce lágrimas dichosas. La santa tristeza deplora el pecado, el ajeno y el propio. Y la amargura no es motivada por la manera de actuar de la justicia divina, sino por la maldad humana. Y, en este sentido, más hay que deplorar la actitud del que obra mal que la situación del que tiene que sufrir por causa del malvado, porque al injusto su malicia le hunde en el castigo, en cambio, al justo su paciencia lo lleva a la gloria.
Sigue el Señor: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Se promete la posesión de la tierra a los sufridos y mansos, a los humildes y sencillos y a los que están dispuestos a tolerar toda clase de injusticias. No se ha de mirar esta herencia como vil y deleznable, como si estuviera separada de la patria celestial, de lo contrario no se entiende quién podría entrar en el reino de los cielos. Porque la tierra prometida a los sufridos, en cuya posesión han de entrar los mansos, es la carne de los santos. Esta carne vivió en humillación, por eso mereció una resurrección que la transforma y la reviste de inmortalidad gloriosa, sin temer nada que pueda contrariar al espíritu, sabiendo que van a estar siempre de común acuerdo. Porque entonces el hombre exterior será la posesión pacífica e inamisible del hombre interior.
Y, así, los sufridos heredarán en perpetua paz y sin mengua alguna la tierra prometida, cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Entonces lo que fue riesgo será premio, y lo que fue gravoso se convertirá en honroso.
Responsorio
℟. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
℣. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
℟. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Oración
Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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