LA ORACIÓN DE CADA DÍA

Todo tiempo es tiempo de Dios.

Elige el día y la hora. Haz silencio, y encuentra tu oración.

Calendario de España

02 ¿Qué deseas rezar?

miércoles 11 de agosto de 2027

Oficio de lectura

Santa Clara, virgen

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo el buen Pastor que al mundo vino;
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de su verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén.

Salmodia

Ant. 1

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88, 2-38-I: Las misericordias del Señor sobre la casa de David

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Ant. 2

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Salmo 88, 2-38-II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.

El me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Ant. 3

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Salmo 88, 2-38-III

«Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo."»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Versículo

℣. Todos se admiraban de las palabras de gracia.

℟. Que salían de sus labios.

Primera lectura

Del segundo libro de los Reyes 2 Re 6, 24-25.32-33; 7, 1-16

Samaría es librada milagrosamente del asedio

Tiempo después, Ben Hadad, rey de Aram, movilizó todas sus tropas, se puso en marcha y sitió Samaría. El hambre arreciaba en Samaría y el asedio se prolongaba hasta el punto de que una cabeza de asno llegó a venderse a ochenta siclos de plata, y un par de cebollas silvestres a cinco siclos de plata.

Eliseo estaba sentado en su casa y los ancianos estaban también sentados con él. El rey envió por delante a un hombre, pero antes de que el mensajero llegara ante Eliseo, éste dijo a los ancianos: «¿Habéis visto? Ese hijo de asesino ha enviado uno a cortarme la cabeza. ¡Estad vigilantes! Cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta y sostenedla bien contra él. ¿No es ése el ruido de los pasos de su señor?» Estaba (Eliseo) hablando con ellos cuando el rey descendió donde él y dijo: «¡Esta desgracia procede del Señor! ¿Qué puedo esperar todavía del Señor?»

Eliseo repuso: «Escucha la palabra del Señor: Así dice el Señor: Mañana a estas horas, en la puerta de Samaría, la arroba de flor de harina se venderá a un siclo y las dos arrobas de cebada a un siclo.» El ayudante en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y le dijo: «Incluso si el Señor abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?» Respondió: «Lo verás con tus ojos, pero de ello no has de comer.»

Había cuatro hombres, leprosos, a la entrada de la puerta, y se decían: «¿Qué estamos haciendo aquí sentados hasta morir? Si decidimos entrar en la ciudad, con el hambre que hay en ella, moriremos allí, y si quedamos aquí, moriremos lo mismo. ¡Ea!, pasémonos al campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si nos matan, moriremos.» Al oscurecer se pusieron en camino hacia el campamento arameo. Cuando llegaron al límite del campamento arameo, allí no había nadie. El Señor había hecho oír en el campamento arameo estrépito de carros y caballos, el estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: «El rey de Israel ha pagado a los reyes de los hititas y a los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros.» Al anochecer emprendieron la huida, abandonando sus tiendas, caballos y asnos, el campamento tal como estaba, y así huyeron para salvar sus vidas. Cuando aquellos leprosos llegaron al límite del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron; luego se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda, se llevaron lo que allí había y lo escondieron.

Entonces se dijeron unos a otros: «No está bien lo que hacemos. Hoy es un día de alegría y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, se nos tratará como culpables. ¡Andando!, vayamos a informar al palacio real.» Llegaron y llamaron a los guardias de la puerta de la ciudad e informaron diciendo: «Hemos ido al campamento arameo, y allí no hay nadie, ni una voz humana, sólo los caballos atados, los asnos atados y las tiendas tal como estaban.» Los centinelas llamaron y pasaron noticia al interior del palacio real.

El rey se levantó de noche y dijo a sus oficiales: «Os diré lo que nos han hecho los arameos. Como saben que nos estamos muriendo de hambre, han dejado el campamento y se han escondido en descampado, pensando: `Seguro que saldrán de la ciudad. Los prenderemos vivos y entraremos en la ciudadʹ.» Uno de los oficiales respondió: «Que tomen cinco caballos de los que quedan en ella y los enviaremos para reconocimiento, pues, al fin y al cabo, les va a pasar lo que a toda la muchedumbre de Israel que había quedado y ha perecido.» Tomaron dos tiros de caballos y el rey los envió en pos del ejército arameo, diciendo: «Id y ved.» Los siguieron hasta el Jordán: todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos que los arameos habían arrojado en sus prisas. Los mensajeros regresaron y dieron cuenta al rey.

Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento arameo. La arroba de flor de harina se vendía a un siclo y dos arrobas de cebada se vendían a un siclo, conforme a la palabra del Señor.

Responsorio

℣. El valido del rey replicó a Eliseo: «¿Se cumplirá esa profecía?» Le respondió: « * Lo verás con tus ojos.»

℟. Si alguno pide algo en la oración y, sin dudar en su corazón, cree que ha de suceder lo que dice, yo os aseguro que eso sucederá.

℟. Lo verás con tus ojos.

Segunda lectura

Santa Clara, virgen De la carta a santa Inés de Praga (Escritos de santa Clara, edición Ignacio Omaechevarría, Madrid 1970, pp. 339-341)

Atiende a la pobreza, la humildad y la caridad de Cristo

Dichoso, en verdad, aquel a quien le es dado alimentarse en el sagrado banquete y unirse en lo íntimo de su corazón a aquel cuya belleza admiran sin cesar las multitudes celestiales, cuyo afecto produce afecto, cuya contemplación da nueva fuerza, cuya benignidad sacia, cuya suavidad llena el alma, cuyo recuerdo ilumina suavemente, cuya fragancia retornará los muertos a la vida y cuya visión gloriosa hará felices a los ciudadanos de la Jerusalén celestial: él es el brillo de la gloria eterna, “un reflejo de la luz eterna, un espejo nítido”, el espejo que debes mirar cada día, oh reina, esposa de Jesucristo, y observar en él reflejada tu faz, para que así te vistas y adornes por dentro y por fuera con toda la variedad de flores de las diversas virtudes, que son las que han de constituir tu vestido y tu adorno, como conviene a una hija y esposa castísima del Rey supremo. En este espejo brilla la dichosa pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como puedes observar si, con la gracia de Dios, vas recorriendo sus diversas partes.

Atiende al principio de este espejo, quiero decir a la pobreza de aquel que fue puesto en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Oh admirable humildad, oh pasmosa pobreza! El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es reclinado en un pesebre. En el medio del espejo, considera la humildad, al menos la dichosa pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que sufrió por la redención del género humano. Al final de este mismo espejo, contempla la inefable caridad por la que quiso sufrir en la cruz y morir en ella con la clase de muerte más infamante.

Este mismo espejo, clavado en la cruz, invitaba a los que pasaban a estas consideraciones, diciendo: “Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad, fijaos: ¿Hay dolor como mi dolor?” Respondamos nosotros, a sus clamores y gemidos, con una sola voz y un solo espíritu: “No hago más que pensar en ello, y estoy abatido”. De este modo, tu caridad arderá con una fuerza siempre renovada, oh reina del Rey celestial.

Contemplando, además, sus inefables delicias, sus riquezas y honores perpetuos, y suspirando por el intenso deseo de tu corazón, proclamarás: «“Arrástrame tras de ti, y correremos atraídos por el aroma de tus perfumes”, esposo celestial. Correré sin desfallecer, hasta que me introduzcas en la sala del festín, hasta que tu mano izquierda esté bajo mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente y me beses con los besos deliciosos de tu boca». Contemplando estas cosas, dígnate acordarte de esta tu insignificante madre, y sabe que yo tengo tu agradable recuerdo grabado de modo imborrable en mi corazón, ya que te amo más que nadie

Responsorio

℟. Oh verdad, luz de mi corazón, ya no me hablan mis tinieblas; me equivoqué, pero me he acordado de ti; y ahora vuelvo sediento y fatigado hasta tu fuente.

℣. He vivido sin vivir; mal he vivido por mí, pero en ti vuelvo a la vida.

℟. Y ahora vuelvo sediento y fatigado hasta tu fuente.

Oración

Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

Volver al inicio ↑