LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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martes 3 de agosto de 2027

Oficio de lectura

Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe. Amén.

O bien:

La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
La noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba el exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre;
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Encomienda tu camino al Señor, y Él actuará.

Salmo 36-I: La verdadera y la falsa felicidad

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y Él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor,
confía en Él, y Él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en Él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:

Cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Encomienda tu camino al Señor, y Él actuará.

Ant. 2

Apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia.

Salmo 36-II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.

Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.

Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambres se saciarán;

pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.

El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.

Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.

Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia.

Ant. 3

Confía en el Señor y sigue su camino.

Salmo 36-III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.

El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.

Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.

Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.

Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Confía en el Señor y sigue su camino.

Versículo

℣. Enséñame, Señor, a gustar y a comprender.

℟. Porque me fío de tus mandatos.

Primera lectura

Del primer libro de los Reyes 1 Re 22,1-9.15-23.29.34-38

Sentencia de Dios sobre el impío rey Ajab

Pasaron tres años en los que no hubo guerra entre Aram e Israel. Al tercer año, Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israel. Éste dijo a sus servidores: «Vosotros sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece y, sin embargo, no hacemos nada por rescatarla de manos del rey de Aram.» Dijo a Josafat: «¿Vas a venir conmigo a la guerra contra Ramot de Galaad?» Josafat respondió al rey de Israel: «Yo haré como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos.»

Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta en este día la palabra del Señor.» El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres, y les dijo: «¿He de ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o debo desistir?» Le respondieron: «Sube, porque el Señor la entregará en manos del rey.» Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí todavía otro profeta del Señor al que consultar?» Dijo el rey de Israel a Josafat: «Hay todavía un hombre para consultar al Señor por su medio, pero yo lo odio, pues no me profetiza el bien, sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» Dijo Josafat: «No hable el rey de esta manera.» Llamó el rey de Israel a un eunuco y le dijo: «Trae en seguida a Miqueas, hijo de Yimlá.»

Cuando llegó ante el rey, éste le preguntó: «Miqueas, ¿hemos de marchar en guerra contra Ramot de Galaad o debemos desistir?» Le respondió: «Sube, tendrás éxito. El Señor la entregará en manos del rey.» Pero el rey dijo: «¿Cuántas veces he de hacerte jurar que no me digas sino sólo la verdad en nombre del Señor?» Entonces él dijo:

He visto todo Israel en desbandada por los montes, como rebaño sin pastor. El Señor ha dicho: «No tienen señor. Vuelva cada cual en paz a su casa.»

El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que no me profetiza el bien, sino el mal?» Dijo Miqueas: «Por todo ello, escucha la palabra del Señor: He visto al Señor sentado en su trono, con todo el ejército de los cielos en pie junto a él, a derecha e izquierda. Preguntó el Señor: `¿Quién engañará a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?ʹ Entonces unos decían una cosa y otros otra, hasta que el espíritu se adelantó y de pie ante el Señor dijo: `Yo lo engañaré.ʹ El Señor le preguntó: `¿De qué modo?ʹ Respondió: `Iré y me convertiré en espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.ʹ El Señor dijo: `Lo engañarás y vencerás. Ve y haz como dices.ʹ Así pues, el Señor ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos, porque el Señor ha predicho el mal contra ti.»

El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad.

Entonces un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza, y el rey dijo a su auriga: «Da la vuelta a los caballos y sácame de la batalla, porque me siento mal.» Aquel día el combate se prolongó y el rey hubo de ser sostenido en pie en su carro frente a los arameos, hasta que murió al atardecer; la sangre de la herida corría por el fondo del carro. Al caer el sol corrió un grito por el campamento: «Cada uno a su ciudad, cada uno a su herencia. ¡El rey ha muerto!» Condujeron al rey a Samaría y allí lo enterraron. Lavaron el carro junto a la alberca de Samaría. Los perros lamieron su sangre y las prostitutas se bañaron en ella, según la palabra que el Señor había dicho.

Responsorio

℣. «Que no os engañen los profetas que viven entre vosotros, porque os profetizan falsamente en mi nombre; yo sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros», dice el Señor.

℟. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.

℟. «Yo sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros», dice el Señor.

Segunda lectura

De la carta llamada de Bernabé Caps. 5, 1-8; 6, 11-16. (Funk 1, 13-15. 19-21)

La segunda creación

El Señor soportó que su carne fuera entregada a la destrucción, para que fuéramos santificados por la remisión de los pecados, que se realiza por la aspersión de su sangre.

Acerca de él afirma la Escritura, refiriéndose en parte a Israel y en parte a nosotros: “Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”. Por tanto, debemos dar rendidas gracias al Señor, porque nos ha dado a conocer el pasado, nos instruye sobre el presente y nos ha concedido un cierto conocimiento respecto del futuro. Pero la Escritura afirma: “No en vano se tiende la red a lo que tiene alas”, es decir, que perecerá justamente aquel hombre que, conociendo el camino de la justicia, se vuelve al camino de las tinieblas.

Todavía, hermanos, considerad esto: si el Señor soportó sufrir por nosotros, siendo él el Señor de todo el universo, a quien Dios dijo en la creación del mundo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, ¿cómo ha aceptado el sufrir por mano de los hombres? Aprendedlo: los profetas, que de él recibieron el don de profecía, profetizaron acerca de él. Como era necesario que se manifestara en la carne para destruir la muerte y manifestar la resurrección de entre los muertos, ha soportado sufrir de esta forma para cumplir la promesa hecha a los padres, constituirse un pueblo nuevo y mostrar, durante su estancia en la tierra, que, una vez que suceda la resurrección de los muertos, será él mismo quien juzgará. Además, instruía a Israel y realizaba tan grandes signos y prodigios, con los que le testimoniaba su gran amor.

Al renovarnos por la remisión de los pecados, nos ha dado un nuevo ser, hasta el punto de tener un alma como de niños, según corresponde a quienes han sido creados de nuevo. Pues lo que afirma la Escritura, cuando el Padre habla al Hijo, se refiere a nosotros: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos”. Y, viendo la hermosura de nuestra naturaleza, dijo el Señor: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra”.

Estas palabras fueron dirigidas a su Hijo. Pero te mostraré también cómo nos ha hablado a nosotros, realizando una segunda creación en los últimos tiempos. En efecto, dice el Señor: “He aquí que hago lo último como lo primero”. Refiriéndose a esto, dijo el profeta: “Entrad en la tierra que mana leche y miel, y enseñoreaos de ella”. En consecuencia, hemos sido creados de nuevo, como también afirma por boca de otro profeta: “Arrancaré de ellos” —es decir, de aquellos que el Espíritu del Señor preveía— “el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”. Por esto él quiso manifestarse en la carne y habitar entre nosotros. En efecto, hermanos, la morada de nuestros corazones es un templo santo para el Señor. Pues también dice el Señor: “Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea de los santos te alabaré”. Por tanto, somos nosotros a quienes introdujo en la tierra buena.

Responsorio

℟. Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: «tu descendencia será la bendición de todas las razas de la tierra».

℟. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia..

℟. «Tu descendencia será la bendición de todas las razas de la tierra».

Oración

Atiende, Señor, a tus siervos y derrama tu bondad imperecedera sobre los que te suplican, para que renueves lo que creaste y conserves lo renovado en estos que te alaban como autor y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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