miércoles 28 de julio de 2027
Oficio de lectura
Miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Buenos días, Señor, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
Tú eres la luz y el sol de mi jornada.
Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.
Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.
Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos
¡vencedor de tu muerte y de la mía!
Gloria al Padre de todos, gloria al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos te alabe nuestro canto. Amén.
O bien:
Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste,
que el agua del camino es amarga..., es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siento el alma triste hasta la muerte triste...
El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansado labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar...
Mas entonces me miras..., y se llena de estrellas,
Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Amén.
Salmodia
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Salmo 17, 2-30-I: Acción de gracias después de la victoria
Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo Él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
El Señor me libró porque me amaba.
Salmo 17, 2-30-II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de los montes,
sacudidos por su cólera;
de su nariz se alzaba una humareda,
de su boca un fuego voraz.
y lanzaba carbones ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus pies;
volaba a caballo de un querubín
cerniéndose sobre las alas del viento,
envuelto en un manto de oscuridad;
Como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste un bramido,
con tu nariz resoplando de cólera.
Desde el cielo alargó la mano y me agarró,
me sacó de las aguas caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor me libró porque me amaba.
Señor, Tú eres mi lámpara, Tú alumbras mis tinieblas.
Salmo 17, 2-30-III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, Tú eres fiel;
con el íntegro, Tú eres íntegro;
con el sincero, Tú eres sincero;
con el astuto, Tú eres sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos soberbios.
Señor, Tú eres mi lámpara;
Dios mío, Tú alumbras mis tinieblas.
Fiado en Ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto la muralla.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, Tú eres mi lámpara, Tú alumbras mis tinieblas.
Versículo
℣. Todos se admiraban de las palabras de gracia.
℟. Que salían de sus labios.
Primera lectura
Del primer libro de los Reyes 1 Re 12, 1-19
División del Reino, en tiempo de Roboam, hijo de Salomón
Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había ido a Siquén con objeto de proclamarle rey. Cuando se enteró Jeroboán, hijo de Nebat, -estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón para establecerse allí- después que enviaron a llamarle, Jeroboán llegó con toda la asamblea de Israel y hablaron a Roboán diciendo: «Tu padre hizo pesado nuestro yugo; aligera tú ahora la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que cargó sobre nosotros, y te serviremos.» Él les dijo: «Marchaos todavía durante tres días y volved luego a mí». El pueblo se fue.
El rey Roboán se aconsejó con los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de éste: «¿Cómo me aconsejáis que dé respuesta a este pueblo?» Le dijeron: «Si hoy tú te conviertes en servidor de este pueblo y les sirves a ellos y les ofreces buenas palabras, ellos serán tus siervos por siempre.» Pero él ignoró el consejo que los ancianos le ofrecían y buscó consejo entre los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio. Les dijo: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo: "Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros"?» Los jóvenes que se habían criado con él respondieron: «Esto debes contestar a este pueblo que te ha dicho: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; aligera tú ahora nuestro yugo", esto debes contestar: "Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. Mi padre os impuso un yugo pesado, yo añadiré peso a vuestro yugo; mi padre os azotaba con látigos, yo os azotaré con escorpiones".»
Al día tercero, Jeroboán y todo el pueblo vinieron a Roboán, como había dicho el rey: «Volved a mí al tercer día.» El rey respondió al pueblo con dureza, ignorando el consejo que los ancianos le habían dado, y les habló según el consejo de los jóvenes, diciendo:
«Mi padre hizo pesado vuestro yugo, yo añadiré peso a vuestro yugo. Mi padre os azotaba con látigos, yo os azotaré con escorpiones.»
No escuchó el rey al pueblo, pues se trataba de algo dispuesto por el Señor, para que se cumpliera la palabra que el Señor había anunciado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló.
Viendo todo Israel que el rey no escuchaba, el pueblo devolvió la palabra al rey diciendo: «¡No tenemos parte con David! ¡No tenemos herencia con el hijo de Jesé! ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!»
Israel regresó a sus tiendas. Roboán reinó sobre aquellos israelitas que habitaban en las ciudades de Judá. El rey Roboán envió entonces a Adonirán, jefe de la leva, pero todo Israel lo apedreó hasta matarlo, y el rey Roboán se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén. Israel se rebeló contra la casa de David, así hasta el día de hoy.
Responsorio
℣. Jeroboam desvió a Israel del culto al Señor, y los israelitas imitaron a la letra el pecado de Jeroboam, hasta que el Señor los arrojó de su presencia, * como había dicho por sus siervos los profetas.
℟. No volverán a ser dos naciones ni a estar divididos en dos reinos; habitarán en su tierra para siempre.
℟. Como había dicho por sus siervos los profetas.
Segunda lectura
San Cirilo de Jerusalén Catequesis 18, 23-25: PG 33, 1043-1047
La Iglesia o convocación del pueblo de Dios
La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestiales o las terrenas; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y a los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella posee todo género de virtudes, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.
Con toda propiedad se la llama Iglesia o convocación, ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: <i>Convoca a toda la asamblea a la entrada de la tienda del encuentro</i>. Y es de notar que la primera vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es precisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: <i>Reúneme al pueblo, y les haré oír mis palabras, para que aprendan a temerme</i>. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: <i>Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, desde el fuego, el día de la iglesia o convocación</i>; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregasteis». También el salmista dice: <i>Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo</i>.
Anteriormente había cantado el salmista: <i>En la iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel</i>. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a Pedro: <i>Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará</i>.
En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que estaba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: <i>Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la iglesia de los fieles</i>. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: <i>Vosotros no me agradáis —dice el Señor de los ejércitos—</i>, añadiendo a continuación: <i>Del oriente al poniente es grande entre las naciones mi nombre</i>.
Acerca de esta misma santa Iglesia católica, escribe Pablo a Timoteo: “Quiero que sepas cómo hay que conducirse en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios vivo, columna y base de la verdad</i>
Responsorio
℟. Vosotros sois una raza elegida, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
℟. Antes erais «no pueblo», ahora sois «pueblo de Dios».
℟. Para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
Oración
Oh, Dios, protector de los que en ti esperan y sin el que nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros tu misericordia, para que, instruidos y guiados por ti, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos ya a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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