LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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02 ¿Qué deseas rezar?

sábado 24 de julio de 2027

Oficio de lectura

Sábado de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Bello es el rostro de la luz, abierto
sobre el silencio de la tierra; bello
hasta cansar mi corazón, Dios mío.

Un pájaro remueve la espesura
y luego, lento, en el azul se eleva,
y el canto le sostiene y pacifica.

Así mi voluntad, así mis ojos
se levantan a ti; dame temprano
la potestad de comprender el día.

Despiértame, Señor, cada mañana,
hasta que aprenda a amanecer, Dios mío,
en la gran luz de la misericordia. Amén.

Salmodia

Ant. 1

El Señor convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo.

Salmo 49-I: El verdadero culto a Dios

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sion, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra
para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El Señor convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo.

Ant. 2

Invócame el día del peligro, y yo te libraré.

Salmo 49-II

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
Yo, Dios, tu Dios.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;

Pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré y tú me darás gloria».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Invócame el día del peligro, y yo te libraré.

Ant. 3

El sacrificio de acción de gracias me honra.

Salmo 49-III

Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.

Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,
ese me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

El sacrificio de acción de gracias me honra.

Versículo

℣. No dejamos de rezar a Dios por vosotros.

℟. Y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad.

Primera lectura

Del primer libro de los Reyes 1 Re 8, 1-21

Solemne dedicación del Templo

Entonces Salomón congregó a los ancianos de Israel -todos los jefes de las tribus y los cabezas de familia de los israelitas ante el rey Salomón- en Jerusalén para hacer subir el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, que es Sion. Se congregaron en torno al rey Salomón todos los hombres de Israel. En el mes de etanín, que es el mes séptimo, en la fiesta, vinieron todos los ancianos de Israel y los sacerdotes condujeron el arca e hicieron subir el arca del Señor y la Tienda del Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en ella. El rey Salomón y todo Israel, toda la comunidad de Israel reunida en torno a él, sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en número incalculable e incontable. Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su propio lugar, situado bajo las alas de los querubines. Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca y cubrían el arca y sus varales por encima. Los varales se prolongaban hasta dejar ver sus extremos desde el santuario, pero no se dejaban ver más hacia fuera. Han estado allí hasta el día de hoy. En el arca no había nada más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó allí, en el Horeb, las tablas de la alianza que el Señor estableció con los israelitas cuando salieron de la tierra de Egipto.

Cuando los sacerdotes salieron del santuario, -pues la nube había llenado el templo del Señor-, los sacerdotes no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, pues la gloria del Señor llenaba el templo del Señor.

Entonces Salomón dijo: «El Señor puso el sol en los cielos, pero ha decidido habitar en densa nube. He querido erigirte una morada principesca, un lugar donde habites para siempre.»

El rey, volviéndose, bendijo a toda la asamblea de Israel, que se mantenía en pie, y dijo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que con su mano ha cumplido lo que había prometido con su propia boca, diciendo: 'Desde el día en que saqué de Egipto a mi pueblo Israel no elegí ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para edificar un templo en el que resida mi Nombre, y no elegí tampoco ningún varón para que fuera príncipe sobre mi pueblo Israel, pero he elegido a Jerusalén para que resida allí mi Nombre, y he elegido a David para que esté al frente de mi pueblo Israel.' Mi padre David acariciaba en su corazón el propósito de construir un templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, pero el Señor dijo a David mi padre: 'Has acariciado en tu corazón el deseo de construir un templo a mi Nombre; has hecho bien en ello, pero no serás tú el que construya el templo. un hijo tuyo, salido de tus entrañas, ése será quien construya el templo a mi Nombre.' El Señor ha cumplido la promesa que pronunció. Me ha establecido como sucesor de mi padre David y me ha sentado sobre el trono de Israel, como el Señor había dicho, y yo construiré el templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, y fijaré en él un lugar para el arca en la que se encuentra la alianza que el Señor pactó con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.»

Responsorio

℣. Tú, Señor, me has escogido como rey de tu pueblo y me encargaste construirte un templo en tu monte santo; * dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

℟. Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que te he construido! Vuelve tu rostro a la oración de tu siervo, escucha el clamor que te dirige tu siervo.

℟. Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

Segunda lectura

San Juan Crisóstomo Homilías sobre II Corintios 13, 1-2

Sentimos el corazón ensanchado

Sentimos el corazón ensanchado. Del mismo modo que el calor dilata los cuerpos, así también la caridad tiene un poder dilatador, pues se trata de una virtud cálida y ardiente. Esta caridad es la que abría la boca de Pablo y ensanchaba su corazón. «No os amo sólo de palabra -es como si dijera-, sino que mi corazón está de acuerdo con mi boca; por eso, os hablo confiadamente, con el corazón en la mano». Nada encontraríamos más dilatado que el corazón de Pablo, el cual, como un enamorado, estrechaba a todos los creyentes con el fuerte abrazo de su amor, sin que por ello se dividiera o debilitara su amor, sino que se mantenía íntegro en cada uno de ellos. Y ello no debe admirarnos, ya que este sentimiento de amor no sólo abarcaba a los creyentes, sino que en su corazón tenían también cabida los infieles de todo el mundo.

Por esto, no dice simplemente: «Os amo», sino que emplea esta expresión más enfática: «Nos hemos desahogado con vosotros, sentimos el corazón ensanchado; os llevamos a todos dentro de nosotros, y no de cualquier manera, sino con gran amplitud». Porque aquel que es amado se mueve con gran libertad dentro del corazón del que lo ama; por esto, dice también: Dentro de nosotros no estáis encogidos, sois vosotros los que estáis encogidos por dentro. Date cuenta, pues, de cómo atempera su reprensión con una gran indulgencia, lo cual es muy propio del que ama. No les dice: «No me amáis», sino: «No me amáis como yo», porque no quiere censurarles con mayor aspereza.

Y, si vamos recorriendo todas sus cartas, descubrimos a cada paso una prueba de este amor casi increíble que tiene para con los fieles. Escribiendo a los romanos, dice: Tengo muchas ganas de veros; y también: Muchas veces he tenido en proyecto haceros una visita; como también: Pido a Dios que alguna vez por fin consiga ir a visitaros. A los gálatas les dice: Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto; y a los efesios: Por esta razón, doblo las rodillas por vosotros; a los tesalonicenses: ¿Quién sino vosotros será nuestra esperanza, nuestra alegría y nuestra honrosa corona? Añadiendo, además, que los lleva consigo en su corazón y en sus cadenas.

Asimismo escribe a los colosenses: Quiero que tengáis noticia del empeñado combate que sostengo por vosotros y por todos los que no me conocen personalmente; busco que tengáis ánimos; y a los tesalonicenses: Como una madre cuida de sus hijos, os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas. Dentro de nosotros no estáis encogidos, dice. Y no les dice solamente que los ama, sino también que es amado por ellos, con la intención de levantar sus ánimos. Y da la prueba de ello, diciendo: Tito nos habló de vuestra añoranza, de vuestro llanto, de vuestra adhesión a mí.

Responsorio

℟. El amor es paciente, afable; no tiene envidia, no presume; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

℣. El odio provoca reyertas, el amor disimula las ofensas.

℟. No se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Oración

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos los dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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