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jueves 1 de julio de 2027

Oficio de lectura

Jueves de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

La noche oscura cubre con su manto
de las cosas los bellos coloridos;
suplicámoste humildes y rendidos,
¡Oh Juez de nuestras almas, recto y santo!:

laves del corazón las fealdades,
apartes de nosotros todo vicio,
nos concedas, oh Cristo, el beneficio
de arrojar de las almas las maldades.

Mira que el alma se halla entorpecida,
a quien hiere la culpa perniciosa.
ya trata de enmendarse, y generosa
te busca, Redentor de nuestra vida.

Aparta en especial, oh Luz sagrada,
la oscuridad de nuestros interiores,
para que en los eternos resplandores
sea el alma por siempre colocada.

Concédenoslo asi, Padre clemente,
con el Hijo, tu igual, por Ti engendrado,
y el más Divino Amor, nuestro Abogado,
que reinas todo siglo, eternamente. Amén.

Salmodia

Ant. 1

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

Salmo 17, 31-51-IV: Acción de gracias

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
Él es escudo para los que a él se acogen.

¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;

Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
Él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

Ant. 2

Tu diestra, Señor, me sostuvo.

Salmo 17, 31-51-V

Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;

yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.

Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.

Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebataba el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.

Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.

Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Tu diestra, Señor, me sostuvo.

Ant. 3

Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.

Salmo 17, 31-51-VI

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;

que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.

Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.

Versículo

℣. Ábreme, Señor, los ojos.

℟. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad.

Primera lectura

Del primer libro de Samuel 1 Sam 12, 1-25

Advertencias de Samuel al pueblo

Samuel dijo a todo Israel: «Ya veis que os he atendido en todo lo que me habéis pedido y os he asignado un rey. En adelante, el rey marchará delante de vosotros. Cuanto a mí, he envejecido y encanecido, y mis hijos entre vosotros están. He andado delante de vosotros desde mi juventud hasta hoy. Aquí me tenéis. Atestiguad contra mí delante del Señor y delante de su ungido.¿De quién he tomado yo el buey o de quién he tomado el asno? ¿A quién he atropellado u oprimido? ¿Quién me ha sobornado para que cerrara los ojos? Yo os lo restituiré.» Respondieron: «No nos has atropellado ni oprimido, y nada has recibido de nadie.» Él les dijo: «El Señor es testigo contra vosotros, y su ungido es testigo hoy de que vosotros no habéis encontrado nada en mis manos.» Respondieron: «Es testigo.»

Dijo entonces Samuel al pueblo: «Es el Señor quien suscitó a Moisés y Aarón y quien hizo subir a vuestros padres del país de Egipto. Presentaos ahora para que yo pleitee con vosotros ante el Señor acerca de todos los beneficios que el Señor ha llevado a cabo en favor vuestro y de vuestros padres. Cuando Jacob entró en Egipto, los egipcios los oprimieron y vuestros padres clamaron al Señor. Entonces el Señor envió a Moisés y Aarón, que sacaron a vuestros padres de Egipto y los puso en este lugar. Pero ellos olvidaron al Señor su Dios, y él los entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, en manos de los filisteos y del rey de Moab, que combatieron contra ellos. Clamaron al Señor diciendo: 'Hemos pecado, porque hemos abandonado al Señor y servido a los Baales y a las Astartés. Pero ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te serviremos.' Envió entonces el Señor a Yerubaal, a Bedán, a Jefté y a Samuel, os ha librado de los enemigos que os rodeaban y habéis vivido en seguridad.

«Pero, en cuanto habéis visto que Najás, rey de los amonitas, venía contra vosotros, me habéis dicho: '¡No! Que reine un rey sobre nosotros,' siendo así que vuestro rey es el Señor, Dios vuestro. Aquí tenéis ahora al rey que os habéis elegido, que habéis reclamado. El Señor ha establecido un rey sobre vosotros. Si teméis al Señor y le servís, si escucháis su voz y no os rebeláis contra las órdenes del Señor; si vosotros y el rey que reine sobre vosotros seguís al Señor vuestro Dios, está bien. Pero si no escucháis la voz del Señor, si os rebeláis contra sus órdenes, entonces la mano del Señor pesará sobre vosotros y sobre vuestros padres.

«Una vez más, quedaos para ver este gran prodigio que el Señor realiza a vuestros ojos. ¿No es ahora la cosecha del trigo? Pues bien, voy a invocar al Señor para que haga tronar y llover. Reconoced y ved el gran mal que habéis hecho a los ojos del Señor, al pedir un rey para vosotros.» Invocó Samuel al Señor, que hizo tronar y llover aquel mismo día, y todo el pueblo cobró mucho temor al Señor y a Samuel. Dijo todo el pueblo a Samuel: «Suplica al Señor tu Dios en favor de tus siervos, para que no muramos, pues a todos nuestros pecados hemos añadido la maldad de pedir un rey para nosotros.»

Pero Samuel dijo al pueblo: «No temáis. Cierto que habéis hecho esta maldad. Pero ahora, no os alejéis del Señor y servidle con todo vuestro corazón, y no os apartéis en pos de los que no son nada, que no sirven ni salvan porque no son nada. Pues el Señor no rechazará a su pueblo a causa del honor de su gran nombre, pues el Señor ha querido haceros su pueblo. Por mi parte, lejos de mí pecar contra el Señor dejando de suplicar por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto. Sólo al Señor temeréis y le serviréis fielmente, con todo vuestro corazón, porque habéis visto esta cosa grandiosa que ha realizado con vosotros. Pero si os portáis mal, pereceréis, vosotros y vuestro rey.»

Responsorio

℣. Cuando descansaba en su lecho de muerte, invocó por testigos al Señor y a su ungido: * «¿De quién he recibido un par de sandalias?», y nadie se atrevió a contestarle.

℟. Según la ley del Señor, gobernó al pueblo; por su fidelidad, se acreditó como profeta.

℟. «¿De quién he recibido un par de sandalias?», y nadie se atrevió a contestarle.

Segunda lectura

San Jerónimo Homilía a los recién bautizados, sobre el salmo 41

Pasaré al lugar del tabernáculo admirable

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Como la cierva del salmo busca corrientes de agua, así también nuestros ciervos, que han salido de Egipto y del mundo, y han aniquilado en las aguas del bautismo al Faraón con todo su ejército, desde haber destruido el poder del diablo, buscan las fuentes de la Iglesia, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que el Padre sea fuente, lo hallamos escrito en el libro de Jeremías: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua. Acerca del Hijo, leemos en otro lugar: Abandonaron la fuente de la sabiduría. Y del Espíritu Santo: El que bebe del agua que yo le daré, nacerá dentro de él un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna, palabras cuyo significado nos explica luego el evangelista, cuando nos dice que el Salvador se refería al Espíritu Santo. De todo lo cual se deduce con toda claridad que la triple fuente de la Iglesia es el misterio de la Trinidad.

Esta triple fuente es la que busca el alma del creyente, el alma del bautizado, y por eso dice: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No es un tenue deseo el que tiene de ver a Dios, sino que lo desea con un ardor parecido al de la sed. Antes de recibir el bautismo, se decían entre sí: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Ahora ya han conseguido lo que deseaban: han llegado a la presencia de Dios y se han acercado al altar y tienen acceso al misterio de salvación.

Admitidos en el cuerpo de Cristo y renacidos en la fuente de vida, dicen confiadamente: Pasaré al lugar del tabernáculo admirable, hacia la casa de Dios. La casa de Dios es la Iglesia, ella es el tabernáculo admirable, porque en él resuenan los cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

Decid, pues, los que acabáis de revestiros de Cristo y, siguiendo nuestras enseñanzas, habéis sido extraídos del mar de este mundo, como pececillos con el anzuelo: «En nosotros, ha sido cambiado el orden natural de las cosas. En efecto, los peces, al ser extraídos del mar, mueren; a nosotros, en cambio, los apóstoles nos sacaron del mar de este mundo para que pasáramos de muerte a vida. Mientras vivíamos sumergidos en el mundo, nuestros ojos estaban en el abismo y nuestra vida se arrastraba por el cieno, mas, desde el momento en que fuimos arrancados de las olas, hemos comenzado a ver el sol, hemos comenzado a contemplar la luz verdadera, y, por esto, llenos de alegría desbordante, le decimos a nuestra alma: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío»».

Responsorio

℟. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.

℣. Gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

℟. Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.

Oración

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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