miércoles 23 de junio de 2027
Oficio de lectura
Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Oh Principio de todo, Redentor del mundo
Cristo, Rey de reyes, Juez temible,
las preces y también las alabanzas,
escucha clemente.
A través de la noche con himnos te cantamos,
sé Tú mismo quien los haga gratos;
restáuranos con tu eterna melodía,
Autor de la luz.
Danos días dichosos de vida honesta
alcanzando tu vida a los muertos,
y que siempre resplandezca en nuestros actos
tu gloria eterna.
Enciende nuestro pecho, oh Piadoso
quema nuestra vida y haznos vigilantes,
para que siempre llevemos encendidas
nuestras lámparas.
Celebremos al Padre omnipotente,
y, con el mismo honor incesante, a ti,
Salvador nuestro, Rey por siempre;
que el mundo entero resuene con la gloria
del Espíritu Santo. Amén.
Salmodia
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102-I: Himno a la misericordia de Dios
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura;
Él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Salmo 102-II
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Bendecid al Señor, todas sus obras.
Salmo 102-III
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecid al Señor, todas sus obras.
Versículo
℣. Instrúyeme, Señor, en el camino de tus decretos.
℟. Y meditaré tus maravillas.
Primera lectura
Del primer libro de Samuel 1 Sam 1, 20-28; 2, 11-21
Nacimiento y consagración de Samuel
Concibió Ana y, llegado el tiempo, dio a luz un niño a quien llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido al Señor». Subió el marido Elcaná con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir su voto, pero Ana no subió, porque dijo a su marido: «Cuando el niño haya sido destetado, entonces lo llevaré, será presentado al Señor y se quedará allí para siempre.» Elcaná, su marido, le respondió: «Haz lo que mejor te parezca, y quédate hasta que lo destetes; así el Señor cumpla su palabra.» Se quedó, pues, la mujer y amamantó a su hijo hasta su destete.
Cuando lo hubo destetado, lo subió consigo, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, e hizo entrar en la casa del Señor, en Siló, al niño todavía muy pequeño. Inmolaron el novillo y llevaron el niño a Elí. Ella dijo: «Óyeme, señor. Por tu vida, señor, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, orando al Señor. Este niño pedía yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora se lo ofrezco al Señor por todos los días de su vida; está ofrecido al Señor.» Y se postró allí, ante el Señor.
Partió Elcaná para su casa de Ramá, y el niño servía al Señor a las órdenes del sacerdote Elí.
Los hijos de Elí eran unos malvados que no conocían al Señor ni las normas de los sacerdotes respecto del pueblo: cuando alguien ofrecía un sacrificio, venía el criado del sacerdote, mientras se estaba cociendo la carne, con el tenedor de tres dientes en la mano, lo hincaba en el caldero o la olla, en la cacerola o el puchero, y el sacerdote se quedaba con todo lo que sacaba el tenedor; y así hacían con todos los israelitas que iban allí, a Siló. Incluso antes de que quemasen la grasa, venía el criado del sacerdote y decía al que sacrificaba: «Dame carne para asársela al sacerdote. No te aceptará carne hervida, sino solamente carne cruda.» Y si el hombre le decía: «Primero se quema la grasa, y después tomarás cuanto se te antoje», le respondía: «No, me lo darás ahora o lo tomo por la fuerza.» El Señor consideraba grave el pecado de los jóvenes, porque la gente despreciaba la ofrenda hecha al Señor.
El muchacho Samuel estaba al servicio del Señor, vestido con efod de lino. Le hacía su madre un vestido pequeño que le llevaba de año en año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio anual. Bendecía luego Elí a Elcaná y a su mujer diciendo: «Que el Señor te conceda descendencia de esta mujer a causa de la súplica que ha presentado al Señor.» Y ellos se volvían a su lugar. En efecto, el Señor visitó a Ana, que concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas; el niño Samuel crecía ante el Señor.
Responsorio
℣. Mi corazón se regocija por el Señor, porque gozo con tu salvación. * No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios.
℟. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
℟. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios.
Segunda lectura
Beato Elredo Tratado sobre la amistad espiritual 3
La amistad verdadera es perfecta y constante
Jonatán, aquel excelente joven, sin atender a su estirpe regia y a su futura sucesión en el trono, hizo un pacto con David y, equiparando el siervo al señor, precisamente cuando huía de su padre, cuando estaba escondido en el desierto, cuando estaba condenado a muerte, destinado a la ejecución, lo antepuso a sí mismo, abajándose a sí mismo y ensalzándolo a él: Tú -le dice- serás el rey, y yo seré tu segundo.
¡Oh preclarísimo espejo de amistad verdadera! ¡Cosa admirable! El rey estaba enfurecido con su siervo y concitaba contra él a todo el país, como a un rival de su reino; asesina a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspecciona los bosques, busca por los valles, asedia con su ejército los montes y peñascos, todos se comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el rey, y yo seré tu segundo. Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas, recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores.
Y, habiendo pronunciado Saúl sentencia de muerte contra David, Jonatán no traicionó a su amigo. ¿Por qué va a morir David? ¿Qué ha hecho? El se jugó la vida cuando mató al filisteo; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué ha de morir? El rey, fuera de sí al oír estas palabras, intenta clavar a Jonatán en la pared con su lanza, llenándolo además de improperios: ¡Hijo de perdida -le dice- , ya sabía yo que estabas confabulado con él, para vergüenza tuya y de tu madre! Y, a continuación, vomita todo el veneno que llevaba dentro, intentando salpicar con él el pecho del joven, añadiendo aquellas palabras capaces de incitar su ambición, de fomentar su envidia, de provocar su emulación y su amargor: Mientras el hijo de Jesé esté vivo sobre la tierra, tu reino no estará seguro.
¿A quién no hubieran impresionado estas palabras? ¿A quién no le hubiesen provocado a envidia? Dichas a cualquier otro, estas palabras hubiesen corrompido, disminuido y hecho olvidar el amor, la benevolencia y la amistad. Pero aquel joven, lleno de amor, no cejó en su amistad, y permaneció fuerte ante las amenazas, paciente ante las injurias, despreciando, por su amistad, el reino, olvidándose de los honores, pero no de su benevolencia. Tú -dice- serás el rey, y yo seré tu segundo.
Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible; la que provocada por tantos ultrajes, permanece inmóvil. Anda, pues, haz tú lo mismo.
Responsorio
℟. Al amigo fiel tenlo por amigo, el que lo encuentra encuentra un tesoro.
℣. Un amigo fiel es un talismán, el que teme a Dios lo alcanza.
℟. El que lo encuentra encuentra un tesoro.
Oración
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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