LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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miércoles 27 de enero de 2027

Oficio de lectura

Miércoles de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Siempre es hora de la gracia,
¡despierte el alma dormida!

Los cangilones del sueño
van hurtando el agua viva
en la noria de las horas,
de las noches y los días.

Peldaños de eternidad
me ofrece el tiempo en su huida,
si, ascendiendo paso a paso,
lleno mis manos vacías.

Sólo el tiempo se redime,
quitándole su malicia.

Como una sombra se esfuman
del hombre vano los días,
pero uno solo ante Dios
cuenta mil años de espigas.

«Tus años no morirán»,
leo en la Sagrada Biblia:
lo bueno y noble perdura
eternizado en la dicha.

Sembraré, mientras es tiempo,
aunque me cueste fatigas.

Al Padre, al Hijo, al Espíritu
alabe toda mi vida:
el rosario de las horas,
de las noches y los días. Amén.

O bien:

Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.

Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia

Ant. 1

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88, 2-38-I: Las misericordias del Señor sobre la casa de David

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Ant. 2

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Salmo 88, 2-38-II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.

El me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Ant. 3

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Salmo 88, 2-38-III

«Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo."»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Versículo

℣. La explicación de tus palabras ilumina.

℟. Da inteligencia a los ignorantes.

Primera lectura

De la carta a los Romanos Rm 9, 19-33

La libre omnipotencia del Creador

Pero me dirás: Entonces ¿de qué se enoja? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad? ¡Oh hombre! ¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios? ¿Acaso <i>la vasija dirá al alfarero: por qué me hiciste así?</i> O ¿es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa objetos para usos nobles y otros para usos despreciables? Pues bien, ¿qué vas a replicar si Dios, queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia objetos de ira preparados para la perdición, a fin de dar a conocer la riqueza de su gloria con los objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria: con nosotros, que hemos sido llamados no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles?

Como dice también en Oseas: <i>Llamaré pueblo mío al que no es mi pueblo; y amada mía a la que no es mi amada.</i> <i>Y en el lugar mismo en que se les dijo: No sois mi pueblo, serán llamados: Hijos del Dios vivo.</i> Isaías también clama en favor de Israel: <i>Aunque los hijos de Israel fueran numerosos como las arenas del mar, sólo un resto será salvo.</i> <i>Porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra.</i> Y como predijo Isaías: <i>Si el Señor de los ejércitos no nos dejara una descendencia, como Sodoma hubiéramos venido a ser, y semejantes a Gomorra.</i>

¿Qué diremos, pues? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia -la justicia de la fe-; mientras Israel, buscando una ley de justicia, no llegó a cumplir la ley. ¿Por qué? Porque la buscaba no en la fe sino en las obras. Tropezaron contra <i>la piedra de tropiezo,</i> como dice la Escritura: <i>He aquí que pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de escándalo; mas el que crea en él, no será confundido.</i>

Responsorio

℣. Yo la sembraré para mí en el país, tendré compasión de “No compadecida”, y * al que no es pueblo mío lo llamaré pueblo mío y a la que no es amada la llamaré amada.

℟. Dios con el fin de dar a conocer la riqueza de su gloria en favor de los objetos de misericordia preparados para la gloria. Y estos tales somos nosotros, a los que ha llamado no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles, 25 según afirma también en el profeta Oseas:

℟. Al que no es pueblo mío lo llamaré pueblo mío y a la que no es amada la llamaré amada.

Segunda lectura

San Bernardo De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los cantares

Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia

¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador? En ellas habito con seguridad, sabiendo que él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me pone asechanzas, pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre piedra firme. Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. <i>Él</i>, en efecto, <i>fue traspasado por nuestras rebeliones</i> (Is 53,5). ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo? Por esto, si me acuerdo que tengo a mano un remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia, por maligna que sea.

Por esto, no tenía razón aquel que dijo: <i>Mi culpa es demasiado grande para soportarla</i> (Gn 4,13). Es que él no podía atribuirse ni llamar suyos los méritos de Cristo, porque no era miembro del cuerpo cuya cabeza es el Señor.

Pero yo tomo de las entrañas del Señor lo que me falta, pues sus entrañas rebosan misericordia. Agujerearon sus manos y pies y atravesaron su costado con una lanza; y, a través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal, es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el Señor (cf. Sal 34 [33],9).

Sus designios eran <i>designios de paz</i> (Jr 29,11), y yo lo ignoraba. Porque, <i>¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién fue su consejero?</i> (Rm 11,34). Pero el clavo penetrante se ha convertido para mí en una llave que me ha abierto el conocimiento de la voluntad del Señor. ¿Por qué no he de mirar a través de esta hendidura? Tanto el clavo como la llaga proclaman que en verdad <i>Dios está en Cristo reconciliando al mundo consigo</i> (2 Co 5,19). Un hierro atravesó su alma, hasta cerca del corazón, de modo que ya no es <i>incapaz de compadecerse de mis debilidades</i> (Hb 4,15).

Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver <i>la entrañable misericordia de nuestro Dios, </i>por la que nos ha visitado<i> el sol que nace de lo alto</i> (cf. Lc 1,78). ¿Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nos dejan ver tus entrañas? No podría hallarse otro medio más claro que estas tus llagas para comprender que <i>tú, Señor, eres bueno y clemente, y rico en misericordia</i> (Sal 86 [85],5). Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación.

Luego mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia. Y, porque la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis méritos. Y, aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, <i>si creció el pecado, más desbordante fue la gracia</i> (Rm 5,20). Y, si la misericordia del Señor dura siempre, yo también <i>cantaré eternamente las misericordias del Señor</i> (Sal 89 [88],2). ¿Cantaré acaso mi propia justicia? Señor, <i>narraré tu justicia, tuya entera</i> (Sal 71 [70],16). Sin embargo, ella es también mía, pues tú has sido constituido mi justicia de parte de Dios.

Responsorio

℣. Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes; nuestro castigo saludable cayó sobre él, * sus cicatrices nos curaron.

℟. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

℟. Sus cicatrices nos curaron.

Oración

Señor Dios, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz, y, pues con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia nos gobiernas, haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del todo consagrados a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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