LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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02 ¿Qué deseas rezar?

viernes 4 de diciembre de 2026

Oficio de lectura

Viernes de la 1ª semana de Adviento

Adviento

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

O bien:

℣. Mirando a lo lejos,
veo venir el poder de Dios
y una nube que cubre toda la tierra.
Salid a su encuentro y decidle:

«Dinos si eres tú
el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»

℟. Mirando a lo lejos,
veo venir el poder de Dios

℣. Sobre plebeyos y nobles, ricos y pobres.

℟. Salid a su encuentro y decidle:

℣. Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como un rebaño,
tú que te sientas sobre querubines

℟. «Dinos si eres tú
el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»

℣. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar

℟. El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

℟. Mirando a lo lejos,
veo venir el poder de Dios
y una nube que cubre toda la tierra.
Salid a su encuentro y decidle:

«Dinos si eres tú
el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»

Salmodia

Ant. 1

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-I: Súplica contra los perseguidores injustos

Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como Tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Ant. 2

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-II

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste;
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar.

Cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Ant. 3

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará, Señor.

Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-23. 27-28-III

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles,
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa.

Que canten y se alegren
los que desean mi victoria,
que repitan siempre: «Grande es el Señor»
los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará, Señor.

Versículo

℣. Señor, que me alcance tu favor.

℟. Tu salvación, según tu promesa.

Primera lectura

Del libro del profeta Isaías Is 11, 10-16

Retorno del resto del pueblo de Dios

Aquel día la raíz de Jesé, que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa. Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar el resto de su pueblo que haya quedado de Asiria y de Egipto, de Patrós, de Cus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar.

Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales. Cesará la envidia de Efraín, y los opresores de Judá serán exterminados. Efraín no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraín.

Ellos se lanzarán sobre la espalda de Filistea Marítima, a una saquearán a los hijos de Oriente. Edom y Moab bajo el dominio de su mano, y los amonitas bajo su obediencia. Secará el Señor el golfo del mar de Egipto y agitará su mano contra el Río. Con la violencia de su soplo lo partirá en siete arroyos, y hará posible pasarlo en sandalias; habrá un camino real para el resto de su pueblo que haya sobrevivido de Asiria, como lo hubo para Israel, cuando subió del país de Egipto.

Responsorio

℟. El Señor izará una enseña para un pueblo remoto, y reunirá a los dispersos de Israel.

℣. Será esto para gloria del Señor, para señal eterna que jamás se borrará.

℟. Y reunirá a los dispersos de Israel.

Segunda lectura

San Anselmo de Canterbury Proslogion 1

El deseo de contemplar a Dios

Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante, entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un momento en él.

Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo, excepto Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarlo; cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio. Di con todas tus fuerzas, di al Señor: «Busco tu rostro; tu rostro busco, Señor.» (cf. Sal 27 [26], 8).

Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré.

Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro.

Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro.

Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar él fin para el cual fui creado.

Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos?

Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré.

Responsorio

℟. No nos alejaremos de ti, Señor: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Que brille tu rostro y nos salve.

℣. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación.

℟. Que brille tu rostro y nos salve.

Oración

Despierta tu poder y ven, Señor; que tu brazo liberador nos salve de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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