lunes 20 de julio de 2026
Oficio de lectura
Lunes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.
Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.
Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
O bien:
Y dijo el Señor Dios en el principio:
"¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!"
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.
Salmodia
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Salmo 72-I: Por qué sufre el justo
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Salmo 72-II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Salmo 72-III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tu agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sion.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Versículo
℣. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.
℟. Más que miel en la boca.
Primera lectura
Del libro de Job Job 12, 1-25
Dominio de Dios sobre toda humana sabiduría y grandeza
Job respondió así: Desde luego, sois la voz del pueblo, con vosotros morirá la sabiduría. Pero sé pensar como vosotros, en nada me superáis, ¿quién no sabe todo eso?
Uno se convierte en burla del vecino cuando clama a Dios en busca de respuestas. Se ríen de quien es justo e íntegro. ¡Ante el infortunio, desprecio -dice el satisfecho-, un golpe más al que se tambalea! Pero viven bien tranquilos en sus tiendas los bandidos, del todo seguros los que provocan a Dios, los que meten a Dios en su puño.
Pero pregunta a las bestias, que te instruirán, a las aves del cielo, que te lo dirán, si no a los reptiles, que te informarán, te lo contarán los peces del mar; ¿quién no sabe entre todos ellos que todo esto lo hizo la mano de Dios, que su mano retiene el hálito de los vivientes, el espíritu de todo ser humano? ¿No distingue el oído las palabras, el paladar el sabor de la comida? ¿No es cosa de ancianos la sabiduría, la perspicacia asunto de viejos?
Pero Él tiene sabiduría y poder, prudencia y perspicacia son suyas. Si destruye, nadie reconstruye, si acorrala, no hay quien escape. Si retiene las aguas, todo se seca, si las suelta, destruyen la tierra. Dispone de fuerza y habilidad, suyos son seducido y seductor. Hace estúpidos a los consejeros del país, a los jueces vuelve locos. Desciñe la banda de los reyes y les pasa una soga por los lomos. Conduce descalzos a los sacerdotes, acaba con los poderes establecidos. Quita la palabra a los confidentes, a los ancianos arrebata el juicio. A los nobles, llena de desprecio, afloja el cinturón de los fuertes. Desvela la hondura de las tinieblas, saca a la luz las sombras. Suscita naciones y acaba con ellas, promueve pueblos y los suprime. Deja sin talento a los jefes del país, los guía por un desierto intransitado; van a tientas, sin luz, entre tinieblas, tambaleándose lo mismo que borrachos.
Responsorio
℣. Dios posee sabiduría y poder; la perspicacia y la prudencia son suyas. * Lo que él destruye, nadie lo levanta; si él aprisiona, nadie escapará.
℟. Él no cambia, ¿quién podrá disuadirlo? Él realiza lo que quiere.
℟. Lo que él destruye, nadie lo levanta; si él aprisiona, nadie escapará.
Segunda lectura
San Ignacio de Antioquía De la carta a los Magnesios (Caps. 6, 1-9, 2: Funk 1, 195-199)
Una sola oración y una sola esperanza en la caridad y en la santa alegría
Como en las personas de vuestra comunidad, que tuve la suerte de ver, os contemplé en la fe a todos vosotros y a todos cobré amor, yo os exhorto a que pongáis empeño por hacerlo todo en la concordia de Dios, bajo la presidencia del obispo, que ocupa el lugar de Dios; y de los presbíteros, que representan al colegio de los apóstoles; desempeñando los diáconos, para mí muy queridos, el ejercicio que les ha sido confiado del ministerio de Jesucristo, el cual estaba junto al Padre antes de los siglos y se manifestó en estos últimos tiempos.
Así pues, todos, conformándoos al proceder de Dios, respetaos mutuamente, y nadie mire a su prójimo bajo un punto de vista meramente humano, sino amaos unos a otros en Jesucristo en todo momento. Que nada haya en vosotros que pueda dividiros, antes bien, formad un solo cuerpo con vuestro obispo y con los que os presiden, para que seáis modelo y ejemplo de inmortalidad.
Por consiguiente, a la manera que el Señor nada hizo sin contar con su Padre, ya que formaba una sola cosa con él —nada, digo, ni por sí mismo ni por sus apóstoles—, así también vosotros, nada hagáis sin contar con vuestro obispo y con los presbíteros, ni tratéis de colorear como laudable algo que hagáis separadamente, sino que, reunidos en común, haya una sola oración, una sola esperanza en la caridad y en la santa alegría, ya que uno solo es Jesucristo, mejor que el cual nada existe. Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre, que en un solo Padre estuvo y a él solo ha vuelto.
No os dejéis engañar por doctrinas extrañas ni por cuentos viejos que no sirven para nada. Porque, si hasta el presente seguimos viviendo según la ley judaica, confesamos no haber recibido la gracia. En efecto, los santos profetas vivieron según Jesucristo. Por eso, justamente fueron perseguidos, inspirados que fueron por su gracia para convencer plenamente a los incrédulos de que hay un solo Dios, el cual se habría de manifestar a sí mismo por medio de Jesucristo, su Hijo, que es su Palabra que procedió del silencio, y que en todo agradó a aquel que lo había enviado.
Ahora bien, si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino considerando el domingo como el principio de su vida, pues en ese día amaneció también nuestra vida gracias al Señor y a su muerte, ¿cómo podremos nosotros vivir sin aquel a quien los mismos profetas, discípulos suyos ya en espíritu, esperaban como a su Maestro? Y, por eso, el mismo a quien justamente esperaban, una vez llegado, los resucitó de entre los muertos.
Responsorio
℟. Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.
℟. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados, en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor.
℟. Porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.
Oración
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
Volver al inicio ↑