sábado 6 de junio de 2026
Oficio de lectura
Sábado de la 9ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Gracias, Señor, por la aurora;
gracias por el nuevo día;
gracias por la Eucaristía;
gracias por nuestra Señora.
Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
Salmodia
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
Salmo 131-I: Promesas a la casa de David
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
"No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob."
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Salmo 131-II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono."
Porque el Señor ha elegido a Sion,
ha deseado vivir en ella:
"Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema".
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Versículo
℣. Venid a ver las obras del Señor.
℟. Las maravillas que hace en la tierra.
Primera lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas Ga 5, 25-6, 18
Consejos sobre la caridad
Si vivimos por el Espíritu, sigamos también al Espíritu. No seamos vanidosos provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.
Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo motivos de gloriarse, y no en otros, pues cada uno lleva su propia carga.
Que el catecúmeno comparta sus bienes con el catequista.
No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que siembre para su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien; que a su debido tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.
¡Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propio puño! Los que quieren ser bien vistos en lo humano, son los que os fuerzan a circuncidaros, con el único fin de evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne. En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo! Porque lo que cuenta no es la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva. Y para todos los que se sometan a esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios.
En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Responsorio
℣. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; * el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
℟. El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada.
℟. El que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
Segunda lectura
Santo Tomás de Aquino Del comentario sobre el evangelio de san Juan (Cap. 14, lec. 2)
El camino para llegar a la vida verdadera
Cristo en persona es el camino, por esto dice: <i>Yo soy el camino</i>. Lo cual tiene una explicación muy verdadera, ya que <i>por medio de él podemos acercarnos al Padre</i>.
Mas, como este camino no dista de su término, sino que está unido a él, añade: <i>Y la verdad, y la vida</i>; y, así, él mismo es a la vez el camino y su término. Es el camino según su humanidad, el término según su divinidad. En este sentido, en cuanto hombre, dice: <i>Yo soy el camino</i>; en cuanto Dios, añade: <i>Y la verdad, y la vida</i>, dos expresiones que indican adecuadamente el término de este camino.
Efectivamente, el término de este camino es la satisfacción del deseo humano, y el hombre desea principalmente dos cosas: en primer lugar, el conocimiento de la verdad, lo cual es algo específico suyo; en segundo lugar, la prolongación de su existencia, lo cual le es común con los demás seres. Ahora bien, Cristo es el camino para llegar al conocimiento de la verdad, con todo y que él mismo en persona es la verdad: <i>Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad</i>. Cristo es asimismo el camino para llegar a la vida, con todo y que él mismo en persona es la vida: <i>Me enseñarás el sendero de la vida</i>.
Por esto, el evangelista identifica el término de este camino con las nociones de verdad y vida, que ya antes ha aplicado a Cristo. En primer lugar, afirma que él es la vida, al decir que <i>en la Palabra había vida</i>; en segundo lugar, afirma que es la verdad, cuando dice que era <i>la luz de los hombres</i>, ya que luz y verdad significan lo mismo.
Si buscas, pues, por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque él es el camino: <i>Este es el camino, camina por él</i>. Y san Agustín dice: «Camina a través del hombre y llegarás a Dios». Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera de camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando al término; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando del término.
Si buscas a dónde has de ir, adhiérete a Cristo, porque él es la verdad a la que deseamos llegar: <i>Mi paladar repasa la verdad</i>. Si buscas dónde has de quedarte, adhiérete a Cristo, porque él es la vida: <i>Quien me alcanza alcanza la vida y goza del favor del Señor</i>.
Adhiérete, pues, a Cristo, si quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque él es el camino. Por esto, los que a él se adhieren no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que él es la verdad y enseña la verdad completa, pues dice: <i>Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad</i>. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la vida y dador de vida, tal como dice: <i>Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante</i>.
Responsorio
℟. El Señor duplicó todas las posesiones de Job, y sus hermanos lo consolaron. El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio.
℟. Fiel es Dios, y no permitirá él que la prueba supere vuestras fuerzas. No, para que sea posible resistir, con la prueba dará también la salida.
℟. El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio.
Oración
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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