miércoles 4 de marzo de 2026
Oficio de lectura
Miércoles de la 2ª semana de Cuaresma
Cuaresma
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Himno
Llorando los pecados
tu pueblo está, Señor.
Vuélvenos tu mirada
y danos el perdón.
Seguiremos tus pasos,
camino de la cruz,
subiendo hasta la cumbre
de la Pascua de luz.
La Cuaresma es combate;
las armas: oración,
limosnas y vigilias
por el Reino de Dios.
«Convertid vuestra vida,
volved a vuestro Dios,
y volveré a vosotros»,
esto dice el Señor.
Tus palabras de vida
nos llevan hacia ti,
los días cuaresmales
nos las hacen sentir. Amén.
O bien:
Oh sol de salvación, oh Jesucristo:
Alumbra lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
danos ríos de lágrimas copiosas
para lavar el corazón que ardiendo
en jubilosa caridad se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de manar desde hoy perenne llanto
si con la vara de la penitencia
el pecho empedernido es doblegado.
Ya que ha llegado el día, el día tuyo,
y vuelve a florecer el universo,
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente: que te adoren
tierra y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
O bien:
Oh bondadoso Creador: escucha
la voz de nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de estos cuarenta días, derramamos.
A Ti, que escrutas nuestros corazones
y que conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que por la virtud de la abstinencia
podamos dominar a nuestros cuerpos,
y que, participando del ayuno,
no pequen más los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos días nos sean provechosos. Amén.
Salmodia
También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Salmo 38-I: Súplica de un enfermo
Yo me dije: «vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté presente.»
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me requemaba,
hasta que solté la lengua.
«Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis años,
para que comprenda lo caduco que soy.»
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como una sombra,
por un soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Salmo 38-II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi confianza.
Líbrame de mis inquietudes,
no me hagas la burla de los necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis padres.
Aplácate, dame respiro,
antes de que pase y no exista.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Salmo 51: Contra la violencia de los calumniadores
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias,
tu lengua es navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Versículo
℣. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos.
℟. Estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Primera lectura
Del libro del Éxodo Ex 17, 1-16
El agua de la piedra. Lucha contra Amalec
En aquellos días, la asamblea de los israelitas se marchó del desierto de Sin, por etapas, según las órdenes del Señor, y acamparon en Rafidín, donde el pueblo no encontró agua de beber. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:
«Danos agua de beber.»
El les respondió:
«¿Por qué me reñís a mí y tentáis al Señor?»
El pueblo torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
«¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
Respondió el Señor a Moisés:
«Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»
Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué:
«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré de pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.»
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentáse; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada. El Señor dijo a Moisés:
«Escríbelo en un libro de memorias y léeselo a Josué: "Borraré la memoria de Amalec bajo el cielo."»
Moisés levantó un altar y lo llamó «Señor, mi estandarte», diciendo:
«Una mano en el estandarte del Señor; el Señor está en guerra con Amalec de generación en generación.»
Responsorio
℟. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»
℣. El agua que yo os daré se convertirá dentro de vosotros en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
℟. Aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»
Segunda lectura
San Ireneo Contra los herejes 4, 14, 2-3; 15, 1
Por medio de figuras aprende Israel a venerar al Señor
Dios, a causa de su magnanimidad, creó al hombre al comienzo del tiempo; eligió a los patriarcas también con vista a su salvación; formó de antemano al pueblo para enseñar a los que le ignoraban cómo seguir a Dios; preparaba a los profetas para habituar al hombre sobre la tierra a llevar su Espíritu y a poseer la comunión con Dios; él, que no tenía necesidad de nada, concedía su comunión a quienes necesitaban de él. Construía, como un arquitecto, un edificio de salvación para aquellos a quienes amaba; a los que no le veían, les servía él mismo de guía en Egipto; a los turbulentos, en el desierto, les daba una ley plenamente adaptada; a los que entraban en una tierra magnífica, les procuraba la herencia apropiada; por último, para quienes tornaban hacia el Padre, él inmolaba el novillo mejor cebado y les obsequiaba con la mejor vestidura. Así, de múltiples maneras, iba predisponiendo al género humano a la concordancia de la salvación.
Por esto, dice Juan en el Apocalipsis: Era su voz como el estruendo de muchas aguas. Pues son, en verdad, múltiples las aguas del Espíritu de Dios, porque rico y grande es el Padre. Y, pasando a través de todas ellas, la Palabra concedía liberalmente su asistencia a los que le eran sumisos, prescribiendo a toda criatura una ley idónea y apropiada.
Así, pues, daba al pueblo leyes relativas a la construcción del tabernáculo, a la edificación del templo, a la designación de los levitas, a los sacrificios y ofrendas, a las purificaciones y a todo lo demás del servicio del culto.
Dios no tenía necesidad alguna de todo eso: desde siempre está lleno de toda clase de bienes, conteniendo en sí mismo todo olor de suavidad y todos los aromas de los perfumes antes incluso de que Moisés naciera. Pero así educaba a un pueblo siempre propenso a tornar a los ídolos, disponiéndole a través de numerosas prestaciones a perseverar en el servicio de Dios, llamándole por medio de las cosas secundarias a las principales, es decir: por las figuras, a la verdad; por lo temporal, a lo eterno; por lo carnal, a lo espiritual; por lo terreno, a lo celeste. Es así que fue dicho a Moisés: Te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.
Durante cuarenta días, en efecto, aprendió a retener las palabras de Dios, los caracteres celestes, las imágenes espirituales y las figuras de las realidades por venir. Pablo dice igualmente: Bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. Y de nuevo, después de haber recorrido los acontecimientos relatados en la ley, añade: Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades.
Mediante figuras, pues, aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio, de manera que la ley era para ellos a la vez una disciplina y una profecía de las cosas por venir.
Responsorio
℟. La ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos al pedagogo.
℣. Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase.
℟. Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos al pedagogo.
Oración
Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que, protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
Volver al inicio ↑