jueves 23 de octubre de 2025
Oficio de lectura
Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo el buen Pastor que al mundo vino;
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.
Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios que a todos ama.
Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.
La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de su verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén.
Salmodia
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51-IV: Acción de gracias
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
Él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
Él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Salmo 17, 31-51-V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebataba el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.
Salmo 17, 31-51-VI
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.
Versículo
℣. Ábreme, Señor, los ojos.
℟. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Primera lectura
Del libro del profeta Habacuc Hab 2, 5-20
Imprecaciones contra los opresores caldeos
¡Ciertamente es traidora la riqueza! ¡Es hombre fatuo y nada conseguirá el que abre sus fauces como el Seol; como la muerte, él nunca se sacia, reúne para sí a las naciones, acapara para sí los pueblos todos!
¿No pronunciarán todos éstos contra él sátiras, adivinanzas y enigmas? Dirán: ¡Ay del que se enriquece con lo ajeno (¿hasta cuándo?) y se carga de prendas empeñadas! Vendrán de repente tus acreedores, se despertarán tus vejadores, te convertirás en su presa.
Por haber saqueado a naciones numerosas, serás saqueado por el resto de los pueblos, por tus crímenes, por la violencia al país, a la ciudad y a todos los que la habitan.
¡Ay de quien saca ganancia inmoral para su casa, para poner su nido en lo alto y escapar a la garra del mal! ¡Planeaste la deshonra de tu casa: al derribar a tantas naciones, tú mismo te malogras! Porque la piedra grita desde el muro, y la viga de madera le responde.
¡Ay de quien construye con sangre una ciudad, y funda un pueblo en la injusticia! ¿No decide el Señor Sebaot que los pueblos se fatiguen para el fuego y las gentes se agoten para nada? <i>¡Pues la tierra acabará llenándose del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas llenan el mar!</i>
¡Ay del que emborracha a sus vecinos, y les añade su droga hasta embriagarlos, para mirar después su desnudez! ¡Te has saciado de ignominia, no de gloria! ¡Bebe también y enseña tu prepucio! ¡Te pasa la copa la diestra del Señor, y la ignominia superará a tu gloria! Pues la violencia hecha al Líbano te cubrirá y la matanza de animales te aterrará, (por tus crímenes, por la violencia al país, a la ciudad y a todos los que la habitan).
¡Ay de quien dice al madero: «Despierta», «Levántate», a la piedra que no habla! ¿Podrán transmitir un oráculo? ¡Aunque están cubiertos de oro y plata, no hay un soplo de vida en su interior! ¿De qué sirve un ídolo, obra de escultor, si es imagen fundida, oráculo engañoso? ¿Puede en él confiar su creador, artífice de ídolos mudos?
Mas el Señor está en su santo Templo: ¡silencio ante él, tierra entera!
Responsorio
℣. Todos los que pecaron sin conocer la ley perecerán sin la ley; y cuantos pecaron con conocimiento de la ley serán juzgados por la ley. * Pues todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios.
℟. Dios encerró a todos los hombres en la desobediencia, para usar con todos ellos de misericordia.
℟. Pues todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios.
Segunda lectura
San Agustín de Hipona De la carta a Proba. (Carta 130, 14, 25-26: CSEL 44, 68-71)
No sabemos pedir lo que nos conviene
Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que “no sabemos pedir lo que nos conviene”, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.
Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando, en medio de la sublimidad de sus revelaciones, le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo apaleaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: “Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad”.
Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien, por la paciente tolerancia de estos males, esperemos obtener bienes mayores, y así “la fuerza se realiza en la debilidad”. Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.
Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino Mediador, el cual dijo en su pasión: “Padre, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz”, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: “Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”. Por lo cual, entendemos perfectamente que “por la obediencia de uno todos se convertirán en justos”.
Responsorio
℟. Pedid, y se os dará; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
℣. Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente.
℟. Porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre
Oración
Oh Dios, que concediste a tu obispo san Antonio María Claret una caridad y un valor admirables para anunciar el Evangelio a los pueblos, concédenos, por su intercesión, que, buscando siempre tu voluntad en todas las cosas, trabajemos generosamente por ganar nuevos hermanos para Cristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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