jueves 25 de septiembre de 2025
Oficio de lectura
Jueves de la 25ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
La noche oscura cubre con su manto
de las cosas los bellos coloridos;
suplicámoste humildes y rendidos,
¡Oh Juez de nuestras almas, recto y santo!:
laves del corazón las fealdades,
apartes de nosotros todo vicio,
nos concedas, oh Cristo, el beneficio
de arrojar de las almas las maldades.
Mira que el alma se halla entorpecida,
a quien hiere la culpa perniciosa.
ya trata de enmendarse, y generosa
te busca, Redentor de nuestra vida.
Aparta en especial, oh Luz sagrada,
la oscuridad de nuestros interiores,
para que en los eternos resplandores
sea el alma por siempre colocada.
Concédenoslo asi, Padre clemente,
con el Hijo, tu igual, por Ti engendrado,
y el más Divino Amor, nuestro Abogado,
que reinas todo siglo, eternamente. Amén.
Salmodia
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51-IV: Acción de gracias
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
Él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
Él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Salmo 17, 31-51-V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebataba el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.
Salmo 17, 31-51-VI
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador.
Versículo
℣. Ábreme, Señor, los ojos.
℟. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Primera lectura
Del libro del profeta Isaías Is 9, 7-10, 4
Castigo de la soberbia y de las injusticias de Israel
Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel. Sabedlo, el pueblo todo, Efraín y habitantes de Samaría, los que con arrogancia y valentía dicen: «Los ladrillos han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados, pero por cedros los cambiaremos.»
Pues bien, el Señor ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y azuzó a sus enemigos: Aram por delante y los filisteos por detrás, devoraron a Israel a boca llena. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
Pero el pueblo no se volvió hacia el que le castigaba, no buscaron al Señor Sebaot. Por eso ha cercenado el Señor a Israel cabeza y cola, palmera y junco, en un mismo día. El anciano y honorable es la cabeza, y el profeta impostor es la cola. Los directores de este pueblo han resultado desviadores, y sus dirigidos, extraviados.
Por eso, de sus jóvenes no se apiadará el Señor, con sus huérfanos y viudas no tendrá misericordia, pues todos son impíos y malvados, y toda boca profiere majadería. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
Porque ha ardido como fuego la maldad, zarza y espino devora, y va a prender en las espesuras del bosque: ya se estiran en columna de humo. Por el arrebato del Señor la tierra ha sido quemada, y es el pueblo como pasto de fuego; nadie tiene piedad de su hermano, corta a diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come la carne de su brazo.
Manasés devora a Efraín, Efraín a Manasés, y ambos a una van contra Judá. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
¡Ay! los que decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones, excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín, y despojando a los huérfanos.
Pues ¿qué haréis para el día de la cuenta y la devastación que de lontananza viene?, ¿a quién acudiréis para pedir socorro?, ¿dónde dejaréis vuestra gravedad? Con tal de no arrodillarse entre los prisioneros, entre los muertos caerían. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
Responsorio
℣. ¡Cómo ha cubierto de oscuridad el Señor en su cólera a la hija de Sion! * Ha precipitado del cielo a la tierra el esplendor de Israel.
℟. No se ha acordado del estrado de sus pies en el día de su ira.
℟. Ha precipitado del cielo a la tierra el esplendor de Israel.
Segunda lectura
San Agustín de Hipona Sermón sobre los pastores 7 46, 24-25.27
Apacentaré a mis ovejas en ricos pastizales
Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel. Compara a los autores de las sagradas Escrituras con los montes de Israel. En ellas habéis de apacentaros para pacer con seguridad. Saboread bien cuanto en ellas oigáis; rechazad cuanto venga de fuera. Para no extraviaros en la tiniebla, escuchad la voz del pastor. Recogeos en los montes de la sagrada Escritura. En ella se encuentran las delicias de vuestro corazón, en ella no hay nada venenoso, nada extraño; son pastos ubérrimos. Lo único que tenéis que hacer, las que estáis sanas, es acudir a apacentaros en los montes de Israel.
En las cañadas y en los poblados del país. Porque de los montes, de los que hemos hablado, manaron los ríos de la predicación evangélica, ya que a toda la tierra alcanza su pregón, y la tierra entera se volvió abundante, fecunda, para pasto de las ovejas.
Las apacentaré en ricos pastizales, tendrán sus dehesas en los montes más altos de Israel, o sea, donde puedan descansar y decir: «Se está bien»; donde digan: «Es verdad, está claro, no nos han engañado.» Descansarán en la gloria de Dios, como si fueran sus dehesas. Se recostarán, es decir, descansarán, en fértiles dehesas.
Y pastarán pastos jugosos en los montes de Israel. Ya hablé de los montes de Israel, de los buenos montes a los que levantamos nuestros ojos para que desde ellos descienda sobre nosotros el auxilio. Pero nuestro auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Por eso, para que nuestra esperanza no se detuviese en los montes, por buenos que fueran, después de decir: Apacentaré a mis ovejas en los montes de Israel, añadió en seguida, para que no te quedases en los montes: Yo mismo apacentaré mis ovejas. Levanta tus ojos hacia los montes, de donde habrá de venir tu auxilio, pero escúchale decir: Yo mismo las apacentaré. Porque tu auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Y concluye así: Y las apacentaré como es debido. Es el único que las apacienta, y que las apacienta como es debido. ¿Qué hombre puede juzgar debidamente a otro hombre? No hay por todas partes más que juicios temerarios. Aquel del que desesperábamos cambia de repente y se convierte en el mejor. Aquel, por el contrario, del que tanto esperábamos falla súbitamente y se vuelve el peor. Ni nuestro temor ni nuestro amor son siempre acertados.
Lo que hoy es cada uno, apenas si uno mismo lo sabe. Aunque, en definitiva, puede llegar a saberlo. Pero, lo que va a ser mañana, ni uno mismo lo sabe. Aquél, en cambio, apacienta a sus ovejas como es debido, dándoles a cada una lo suyo; esto a éstas, aquello a aquéllas, pero siempre a cada una lo que es debido, pues sabe lo que hace. Apacienta como es debido a los que redimió después de haberlos juzgado. Eso es lo que quiere decir que los apacienta como es debido.
Responsorio
℟. Yo soy el buen Pastor; yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen.
℣. Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Las sacaré de entre los pueblos y las apacentaré.
℟. Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen.
Oración
Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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