martes 29 de julio de 2025
Oficio de lectura
Santos Marta, María y Lázaro
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Te celebramos, oh, Marta,
con tus hermanos,
afortunada al merecer hospedar
a Cristo en tu casa.
Movida dulcemente
a impulsos del amor,
te desvivías toda solícita en atender
a huésped tan ilustre.
Mientras disponías complacida
la mesa para el Señor,
María y Lázaro tomaban para sus almas
el sustento de la vida y de la gracia.
Tu hermana ungía con nardo puro
al que estaba a punto de morir
y tú le ofrecías presurosa
tus últimos cuidados.
Oh, huéspedes dichosos de Jesús,
que prenda el amor en nuestros corazones,
y serán, como Betania,
cálidos hogares para la amistad y la confianza.
Gloria a la santa Trinidad
y que ella nos hospede al fin
en la casa del cielo donde entonar
con vosotros sus alabanzas. Amén.
Salmodia
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6: Oración del afligido que acude a Dios
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.
Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A-I: Acción de gracias por la victoria
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho,
sentado en tu trono como juez justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.
Salmo 9 A-II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sion;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes.
Piedad, Señor; mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sion.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a Dios.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.
Versículo
℣. Enséñame a cumplir tu voluntad, Señor.
℟. Y a guardarla de todo corazón.
Primera lectura
Del primer libro de los Reyes 1 Re 11, 1-4. 26-43
Pecados de Salomón. Rebelión y fuga de Jeroboam
El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras, además de la hija del faraón: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de los pueblos de los que había dicho el Señor a los israelitas: «No os unáis a ellas y ellas a vosotros, pues seguro que arrastrarán vuestro corazón tras sus dioses». Pero Salomón se unía a ellas por amor; tuvo setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas. Al tiempo de su ancianidad, las mujeres de Salomón desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no fue por entero del Señor su Dios, como el corazón de David, su padre.
Jeroboán era hijo de Nebat, efrainita de Seredá; su madre, una mujer viuda, se llamaba Seruá. Estaba al servicio de Salomón, pero alzó la mano contra el rey. Las circunstancias de su alzamiento contra el rey fueron éstas:
Salomón construía el Miló, con objeto de cerrar la brecha de la ciudad de David, su padre. El hombre aquel, Jeroboán, era un líder valeroso. Salomón observó que el joven era un trabajador experto y le puso al frente de toda la leva de la Casa de José. Sucedió entonces que Jeroboán salía de Jerusalén y el profeta Ajías de Siló le salió al encuentro cubierto con un manto nuevo. Estando los dos solos en campo abierto, Ajías tomó el manto nuevo que llevaba puesto, lo rasgó en doce jirones y dijo a Jeroboán: «Toma diez jirones para ti, porque así dice el Señor, Dios de Israel: Rasgaré el reino de manos de Salomón y te daré diez tribus. La otra tribu será para él, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que me elegí entre todas las tribus de Israel; porque me ha abandonado y se ha postrado ante Astarté, diosa de los sidonios, ante Camós, dios de Moab, y ante Milcón, dios de los amonitas, y no ha seguido mis caminos, haciendo lo que es justo a mis ojos, ni mis decretos ni mis sentencias como su padre David. Pero no tomaré todo el reino de su mano; lo mantendré como príncipe todos los días de su vida en atención a David mi siervo, a quien elegí y quien guardó mis mandatos y mis decretos. Pero tomaré el reino de mano de su hijo y te lo daré, las diez tribus; daré a su hijo una tribu para que a David mi siervo le quede siempre una lámpara en mi presencia en Jerusalén, la ciudad que me elegí para poner allí mi Nombre. A ti, te tomaré y reinarás sobre cuanto desees. Serás rey de Israel. Si escuchas todo cuanto yo te ordene, y andas por mi camino, y haces lo recto a mis ojos guardando mis decretos y mis mandamientos como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te daré una dinastía estable como se la di a David. (Te entrego Israel y humillaré el linaje de David por esta causa. Pero no para siempre).»
Salomón intentó matar a Jeroboán, pero Jeroboán emprendió la huida a Egipto, junto a Sosac, rey de Egipto, y permaneció en Egipto hasta la muerte de Salomón.
El resto de los hechos de Salomón, todo cuanto hizo y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? El tiempo que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años. Salomón pasó a reposar con sus antepasados y lo enterraron en la ciudad de su padre David. Su hijo Roboán reinó en su lugar.
Responsorio
℣. Tú Salomón, pusiste un borrón sobre tu gloria; pero el Señor no renuncia jamás a su lealtad, * no deja que se pierdan sus palabras.
℟. Dios permanece fiel, porque no puede desmentirse a sí mismo.
℟. No deja que se pierdan sus palabras.
Segunda lectura
San Bernardo Sermón 3 en la Asuncion de la bienaventurada Virgen María, 4. 5: PL 183, 423. 424
El orden del amor distribuyó en nuestra casa tres ministerios
Observemos atentamente, hermanos, cómo ha regulado el amor en esta nuestra casa las tres ocupaciones: la administración de Marta, la contemplación de María y la penitencia de Lázaro. Las tres deben hallarse en toda alma perfecta; sin embargo, cada uno siente preferencia por alguna de ellas: este se entrega a la contemplación, aquel al servicio de los hermanos y el otro a llorar su vida pasada como los leprosos que viven en los sepulcros. María está absorta en la meditación piadosa de su Dios; Marta es todo misericordia y compasión hacia el prójimo; y Lázaro se mantiene en la humildad y desprecio de sí mismo.
Que cada uno busque el lugar que le pertenece. «Si se encontrasen en esta ciudad estos tres varones: Noé, Daniel y Job, por ser justos salvarán ellos la vida —oráculo del Señor—. Pero no salvarán a sus hijos ni a sus hijas». No pretendo adular a nadie, ni que nadie se engañe a sí mismo. Los que no tienen ningún cargo, ni se les ha confiado alguna ocupación especial, permanezcan sentados a los pies de Jesús con María, o con Lázaro en el sepulcro. Que Marta se afane y se preocupe de mil cuidados. Tú, en cambio, que estás libre de todo eso, opta por una de estas dos cosas: vivir tranquilo y hacer del Señor tu delicia. Y si todavía no eres capaz de eso, no te vuelques al exterior, sino vive dentro de ti mismo, como el Profeta.
Marta, por su parte, también debe intentar ser de fiar, como se pide a los encargados. Y será fiel si su intención es pura, es decir, si no busca su propio provecho, sino el de Jesucristo, y su actividad está bien ordenada, esto es, si no hace su propia voluntad, sino la del Señor.
Algunos no son generosos y ya han cobrado su paga. Otros se dejan llevar de sus impulsos, y contaminan todo lo que ofrecen con las huellas de su propia voluntad. Acudamos al canto nupcial y veamos cómo llama el esposo a su esposa, y no omite ni añade nada a estas tres cosas: «Levántate, corre, amada mía, hermosa mía, paloma mía, ven a mí». ¿Qué mejor amiga que la que está atenta a los intereses del Señor y le entrega generosamente su vida? Siempre que interrumpe sus ocupaciones espirituales por uno de sus pequeñuelos, le está dando su vida. ¿No es hermosa la que refleja a cara descubierta la gloria del Señor, y se va transformando a su imagen con resplandor creciente por el Espíritu del Señor? ¿Y no es paloma la que gime y llora en los huecos de la peña o en las grietas del barranco, encerrada con una losa?
Responsorio
℟. Después que Jesús resucitó a Lázaro, le ofrecieron una cena en Betania, y Marta servía.
℣. María tomó una libra de perfume costoso y le ungió a Jesús los pies.
℟. Y Marta servía.
Oración
Oh, Dios, tu Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó hospedarse en casa de Marta, haz que, sirviéndole a él fielmente en nuestros hermanos, merezcamos, con María, ser alimentados con la meditación de su palabra. Él, Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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