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sábado 26 de julio de 2025

Oficio de lectura

San Joaquín y Santa Ana

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Desde que mi voluntad
está a la vuestra rendida,
conozco yo la medida
de la mejor libertad.

Venid, Señor, y tomad
las riendas de mi albedrío;
de vuestra mano me fío
y a vuestra mano me entrego,
que es poco lo que me niego
si yo soy vuestro y vos mío.

A fuerza de amor humano
me abraso en amor divino.
La santidad es camino
que va de mí hacia mi hermano.

Me di sin tender la mano
para cobrar el favor;
me di en salud y en dolor
a todos, y de tal suerte
que me ha encontrado la muerte
sin nada más que el amor. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

Salmo 54, 2-15. 17-24-I: Oración ante la traición de un amigo

Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.

Se me retuercen dentro las entrañas,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,

me pondría enseguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

Ant. 2

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Salmo 54, 2-15. 17-24-II

Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.

Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
Juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Ant. 3

Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.

Salmo 54, 2-15. 17-24-III

Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.

Versículo

℣. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.

℟. Presta oído a mi inteligencia.

Primera lectura

Del primer libro de los Reyes 1 Re 8, 1-21

Solemne dedicación del Templo

Entonces Salomón congregó a los ancianos de Israel -todos los jefes de las tribus y los cabezas de familia de los israelitas ante el rey Salomón- en Jerusalén para hacer subir el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, que es Sion. Se congregaron en torno al rey Salomón todos los hombres de Israel. En el mes de etanín, que es el mes séptimo, en la fiesta, vinieron todos los ancianos de Israel y los sacerdotes condujeron el arca e hicieron subir el arca del Señor y la Tienda del Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en ella. El rey Salomón y todo Israel, toda la comunidad de Israel reunida en torno a él, sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en número incalculable e incontable. Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su propio lugar, situado bajo las alas de los querubines. Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca y cubrían el arca y sus varales por encima. Los varales se prolongaban hasta dejar ver sus extremos desde el santuario, pero no se dejaban ver más hacia fuera. Han estado allí hasta el día de hoy. En el arca no había nada más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó allí, en el Horeb, las tablas de la alianza que el Señor estableció con los israelitas cuando salieron de la tierra de Egipto.

Cuando los sacerdotes salieron del santuario, -pues la nube había llenado el templo del Señor-, los sacerdotes no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, pues la gloria del Señor llenaba el templo del Señor.

Entonces Salomón dijo: «El Señor puso el sol en los cielos, pero ha decidido habitar en densa nube. He querido erigirte una morada principesca, un lugar donde habites para siempre.»

El rey, volviéndose, bendijo a toda la asamblea de Israel, que se mantenía en pie, y dijo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que con su mano ha cumplido lo que había prometido con su propia boca, diciendo: 'Desde el día en que saqué de Egipto a mi pueblo Israel no elegí ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para edificar un templo en el que resida mi Nombre, y no elegí tampoco ningún varón para que fuera príncipe sobre mi pueblo Israel, pero he elegido a Jerusalén para que resida allí mi Nombre, y he elegido a David para que esté al frente de mi pueblo Israel.' Mi padre David acariciaba en su corazón el propósito de construir un templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, pero el Señor dijo a David mi padre: 'Has acariciado en tu corazón el deseo de construir un templo a mi Nombre; has hecho bien en ello, pero no serás tú el que construya el templo. un hijo tuyo, salido de tus entrañas, ése será quien construya el templo a mi Nombre.' El Señor ha cumplido la promesa que pronunció. Me ha establecido como sucesor de mi padre David y me ha sentado sobre el trono de Israel, como el Señor había dicho, y yo construiré el templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, y fijaré en él un lugar para el arca en la que se encuentra la alianza que el Señor pactó con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.»

Responsorio

℣. Tú, Señor, me has escogido como rey de tu pueblo y me encargaste construirte un templo en tu monte santo; * dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

℟. Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que te he construido! Vuelve tu rostro a la oración de tu siervo, escucha el clamor que te dirige tu siervo.

℟. Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

Segunda lectura

San Juan Damasceno Sermón 6, Sobre la natividad de la Virgen María, 2.4.5.6 PG 96, 663.667.670

Por sus frutos los conoceréis

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

Responsorio

℟. Día y noche servían a Dios con ayunos y oraciones, aguardando la liberación de Israel.

℣. Pedían a Dios que visitase a su pueblo.

℟. Aguardando la liberación de Israel.

Oración

Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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