sábado 28 de junio de 2025
Oficio de lectura
Inmaculado Corazón de María
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
María, pureza en vuelo,
Virgen de vírgenes, danos
la gracia de ser humanos
sin olvidarnos del cielo.
Enséñanos a vivir;
ayúdenos tu oración;
danos en la tentación
la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria
que alegra la cristiandad. Amén.
Salmodia
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130: Abandono confiado en los brazos de Dios
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El que se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
Salmo 131-I: Promesas a la casa de David
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
"No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob."
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios mío, con sincero corazón te lo ofrezco todo.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Salmo 131-II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono."
Porque el Señor ha elegido a Sion,
ha deseado vivir en ella:
"Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema".
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor juró a David una promesa: su reino permanecerá eternamente.
Versículo
℣. Venid a ver las obras del Señor.
℟. Las maravillas que hace en la tierra.
Primera lectura
Del primer libro de Samuel 1 Sam 4, 1-18
Captura del arca de Dios y muerte de Elí
La palabra de Samuel llegaba a todo Israel. Salió Israel al encuentro de los filisteos para el combate y acamparon cerca de Eben Haézer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. Se pusieron los filisteos en orden de batalla contra Israel; se libró un gran combate e Israel fue batido por los filisteos, que mataron, en campo abierto, cerca de cuatro mil hombres. Volvió el pueblo al campamento, y los ancianos de Israel dijeron: «¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor delante de los filisteos? Vamos a buscar en Siló el arca de la alianza del Señor; que venga en medio de nosotros y que nos salve del poder de nuestros enemigos.» El pueblo envió a Siló y sacaron de allí el arca del Señor Sebaot que está sobre los querubines; estaban allí, con el arca de la alianza de Dios, los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todos los israelitas lanzaron un gran clamor que hizo retumbar las tierras. Los filisteos oyeron el estruendo del clamoreo y dijeron: «¿Qué significa este gran clamor en el campamento de los hebreos?» Y se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento. Temieron entonces los filisteos, porque se decían: «Dios ha venido al campamento.» Y exclamaron: «¡Ay de nosotros! Nunca había sucedido tal cosa. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? ¡Éstos son los dioses que castigaron a Egipto con toda clase de plagas en el desierto! ¡Cobrad ánimo y sed hombres, filisteos, para no tener que servir a los hebreos como ellos os han servido a vosotros; sed hombres y pelead!» Trabaron batalla los filisteos. Israel fue batido y cada cual huyó a sus tiendas; la mortandad fue muy grande, cayendo de Israel treinta mil infantes. El arca de Dios fue capturada y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
Un hombre de Benjamín salió corriendo del campo de batalla y llegó a Siló aquel mismo día, con los vestidos rotos y la cabeza cubierta de polvo. Cuando llegó, estaba Elí en su asiento, a la puerta, atento al camino, porque su corazón temblaba por el arca de Dios. Vino, pues, este hombre a traer la noticia a la ciudad, y toda la ciudad comenzó a gritar. Oyó Elí los gritos y preguntó: «¿Qué tumulto es éste?» Diose prisa el hombre y se lo anunció a Elí. Contaba Elí noventa y ocho años, tenía las pupilas inmóviles y no podía ver. El hombre dijo a Elí: «Vengo del campo de batalla, he huido hoy del campo.» Elí preguntó: «¿Qué ha pasado, hijo mío?» El mensajero respondió: «Israel ha huido ante los filisteos. El ejército ha sufrido una gran derrota, también han muerto tus dos hijos y hasta el arca de Dios ha sido capturada.» A la mención del arca de Dios, cayó Elí de su asiento, hacia atrás, junto a la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era anciano y estaba ya torpe. Había sido juez en Israel durante cuarenta años.
Responsorio
℣. ¿Por qué, ¡oh Dios!, nos tienes siempre abandonado, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? * ¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo? ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?
℟. Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja, que un pueblo insensato desprecia tu nombre.
℟. ¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo? ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?
Segunda lectura
San Lorenzo Justiniani Sermón 8, en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María: Opera 2, Venecia 1751, 38-39
María conservaba todas estas cosas en su corazón
María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios. Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María Santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo, el Señor, entra de buen grado.
Responsorio
℟. No sé con qué alabanzas ensalzarte, oh santa e inmaculada virginidad. Porque llevaste en tu seno al que los cielos no pueden abarcar.
℣. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
℟. Porque llevaste en tu seno al que los cielos no pueden abarcar.
Oración
Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen, lleguemos a ser templos dignos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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