lunes 23 de junio de 2025
Oficio de lectura
Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.
Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.
Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
O bien:
Y dijo el Señor Dios en el principio:
"¡Que sea la luz!" Y fue la luz primera.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que exista el firmamento!"
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: "¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!"
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.
Salmodia
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Salmo 72-I: Por qué sufre el justo
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! Aleluya.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Salmo 72-II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Salmo 72-III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tu agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sion.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. Aleluya.
Versículo
℣. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.
℟. Más que miel en la boca.
Primera lectura
Del libro de los Jueces Jc 16, 4-6.16-31
Perfidia de Dalila y muerte de Sansón
En aquellos días, se enamoró Sansón de una mujer de Vallesorec, llamada Dalila. Los príncipes filisteos fueron a visitarla y le dijeron:
«Sedúcelo y averigua en qué está su gran fuerza y cómo nos apoderaríamos de él para sujetarlo y domarlo. Te daremos cada uno mil cien siclos de plata.»
Dalila le dijo a Sansón:
«Anda, dime el secreto de tu gran fuerza, y cómo se te podría sujetar y domar.»
Y, como lo importunaba con sus quejas día tras día hasta marearlo, Sansón, ya desesperado, le dijo su secreto:
«Nunca ha pasado la navaja por mi cabeza, porque estoy consagrado a Dios desde antes de nacer. Si me corto el pelo, perderé la fuerza, me quedaré débil y seré como uno cualquiera.»
Dalila se dio cuenta de que le había dicho su secreto, y mandó llamar a los príncipes filisteos:
«Venid ahora, que me ha dicho su secreto.»
Los príncipes fueron allá, con el dinero. Dalila dejó que Sansón se durmiera en sus rodillas, y entonces llamó a un hombre, que cortó las siete guedejas de la cabeza de Sansón, y Sansón empezó a debilitarse, su fuerza desapareció. Dalila gritó:
«¡Sansón, los filisteos!»
Él despertó y se dijo:
«Saldré como otras veces y me los sacudiré de encima», sin saber que el Señor lo había abandonado.
Los filisteos lo agarraron, le vaciaron los ojos y lo bajaron a Gaza; lo ataron con cadenas y lo tenían moliendo grano en la cárcel. Pero el pelo de la cabeza le empezó a crecer después de cortado.
Los príncipes filisteos se reunieron para tener un gran banquete en honor de su dios Dagón y hacer fiesta. Cantaban:
«Nuestro dios nos ha entregado a Sansón, nuestro enemigo.»
Cuando ya estaban alegres, dijeron:
«Sacad a Sansón, que nos divierta.»
Sacaron a Sansón de la cárcel, y bailaba en su presencia. Luego lo plantaron entre las columnas. La gente, al verlo, alabó a su dios:
«Nuestro dios nos ha entregado a Sansón, nuestro enemigo, que asolaba nuestros campos y aumentaba nuestros muertos.»
Sansón rogó al lazarillo:
«Déjame tocar las columnas que sostienen el edificio, para apoyarme en ellas.»
La sala estaba repleta de hombres y mujeres; estaban allí todos los príncipes filisteos, y en la galería había unos tres mil trescientos hombres y mujeres, viendo bailar a Sansón. Él gritó al Señor:
«¡Señor, acuérdate de mí! Dame la fuerza, al menos esta vez, para poder vengar en los filisteos, de un sólo golpe, la pérdida de los ojos.»
Palpó las dos columnas centrales, apoyó las manos contra ellas, la derecha sobre una y la izquierda sobre la otra, y al grito de: «¡A morir con los filisteos!», abrió los brazos con fuerza, y el edificio se derrumbó sobre los príncipes y sobre la gente que estaba allí. Los que mató Sansón al morir fueron más que los que mató en vida.
Luego bajaron sus parientes y toda su familia, recogieron el cadáver y lo llevaron a enterrar entre Sorá y Estaol, en la sepultura de su padre Manoj. Sansón había gobernado a Israel veinte años.
Responsorio
℣. Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa contra gente sin piedad. * Tú eres mi roca y mi baluarte.
℟. Acuérdate de mí y restitúyeme mis fuerzas.
℟. Tú eres mi roca y mi baluarte.
Segunda lectura
San Gregorio de Nisa Del tratado sobre el perfecto modelo del cristiano (PG 46, 254-255)
El cristiano es otro Cristo
Pablo, mejor que nadie, conocía a Cristo y enseñó, con sus obras, cómo deben ser los que de él han recibido su nombre, pues lo imitó de una manera tan perfecta que mostraba en su persona una reproducción del Señor, ya que, por su gran diligencia en imitarlo, de tal modo estaba identificado con el mismo ejemplar, que no parecía ya que hablara Pablo, sino Cristo, tal como dice él mismo, perfectamente consciente de su propia perfección: “Tendréis la prueba que buscáis de que Cristo habla por mí”. Y también dice: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.
Él nos hace ver la gran virtualidad del nombre de Cristo, al afirmar que Cristo es la fuerza y sabiduría de Dios, al llamarlo paz y luz inaccesible en la que habita Dios, expiación, redención, gran sacerdote, Pascua, propiciación de las almas, irradiación de la gloria e impronta de la substancia del Padre, por quien fueron hechos los siglos, comida y bebida espiritual, piedra y agua, fundamento de la fe, piedra angular, imagen del Dios invisible, gran Dios, cabeza del cuerpo que es la Iglesia, primogénito de la nueva creación, primicias de los que han muerto, primogénito de entre los muertos, primogénito entre muchos hermanos, mediador entre Dios y los hombres, Hijo unigénito coronado de gloria y de honor, Señor de la gloria, origen de las cosas, rey de justicia y rey de paz, rey de todos, cuyo reino no conoce fronteras.
Estos nombres y otros semejantes le da, tan numerosos que no pueden contarse. Nombres cuyos diversos significados, si se comparan y relacionan entre sí, nos descubren el admirable contenido del nombre de Cristo y nos revelan, en la medida en que nuestro entendimiento es capaz, su majestad inefable.
Por lo cual, puesto que la bondad de nuestro Señor nos ha concedido una participación en el más grande, el más divino y el primero de todos los nombres, al honrarnos con el nombre de «cristianos», derivado del de Cristo, es necesario que todos aquellos nombres que expresan el significado de esta palabra se vean reflejados también en nosotros, para que el nombre de «cristianos» no aparezca como una falsedad, sino que demos testimonio del mismo con nuestra vida.
Responsorio
℟. Que se alegren, Señor, los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que se llenen de gozo. Los que aman tu nombre.
℟. Caminarán, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día.
℟. Los que aman tu nombre.
Oración
Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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