LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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02 ¿Qué deseas rezar?

sábado 19 de octubre de 2024

Oficio de lectura

Sábado de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Bello es el rostro de la luz, abierto
sobre el silencio de la tierra; bello
hasta cansar mi corazón, Dios mío.

Un pájaro remueve la espesura
y luego, lento, en el azul se eleva,
y el canto le sostiene y pacifica.

Así mi voluntad, así mis ojos
se levantan a ti; dame temprano
la potestad de comprender el día.

Despiértame, Señor, cada mañana,
hasta que aprenda a amanecer, Dios mío,
en la gran luz de la misericordia. Amén.

Salmodia

Ant. 1

El Señor convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo.

Salmo 49-I: El verdadero culto a Dios

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sion, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra
para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

El Señor convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo.

Ant. 2

Invócame el día del peligro, y yo te libraré.

Salmo 49-II

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
Yo, Dios, tu Dios.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;

Pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré y tú me darás gloria».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Invócame el día del peligro, y yo te libraré.

Ant. 3

El sacrificio de acción de gracias me honra.

Salmo 49-III

Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.

Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,
ese me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

El sacrificio de acción de gracias me honra.

Versículo

℣. No dejamos de rezar a Dios por vosotros.

℟. Y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad.

Primera lectura

Del libro del Eclesiástico Eclo 24, 1-22

La Sabiduría en la creación y en la historia de Israel

La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre su boca, se gloría delante de su poder: «Yo salí de la boca del Altísimo, y como niebla cubrí la tierra. Yo puse mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nubes. Yo sola recorrí la bóveda del cielo, y me paseé por la profundidad del abismo. Sobre las olas del mar, sobre toda la tierra, sobre todos los pueblos y naciones se extendía mi dominio.

En todos ellos busqué donde descansar, una heredad donde establecerme. Entonces el creador del universo me dio una orden, el que me había creado me hizo plantar la tienda, y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, sea Israel tu heredad.»

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y por los siglos de los siglos existiré. Oficié en la tienda santa delante de él, y así me establecí en Sion; en la ciudad amada me hizo descansar, y en Jerusalén está mi poder.

He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. He crecido como cedro del Líbano, como ciprés de las montañas del Hermón. He crecido como palmera de Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano he crecido. Como cinamomo y aspálato aromático he exhalado perfume, como mirra exquisita he derramado aroma, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda. Como terebinto he extendido mis ramas, un ramaje hermoso y espléndido. Como vid lozana he retoñado, y mis flores son frutos hermosos y abundantes.

Venid a mí los que me deseáis, y saciaros de mis frutos. Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que los panales. Los que me comen aún tendrán más hambre, los que me beben aún sentirán más sed. Quien me obedece, no pasará vergüenza, los que cumplen mis obras, no llegarán a pecar.»

Responsorio

℣. Yo soy el camino, la verdad y la vida. * Nadie va al Padre sino por mí.

℟. Yo, la sabiduría, fui creada por Dios desde el principio, desde antes de los siglos, y jamás dejaré de existir.

℟. Nadie va al Padre sino por mí.

Segunda lectura

Concilio Vaticano II Gaudium et spes 40.45

Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último

La compenetración de la ciudad terrestre con la ciudad celeste sólo es perceptible por la fe: más aún, es el misterio permanente de la historia humana, que, hasta el día de la plena revelación de la gloria de los hijos de Dios, seguirá perturbada por el pecado.

La Iglesia, persiguiendo la finalidad salvífica que es propia de ella, no sólo comunica al hombre la participación en la vida divina, sino que también difunde, de alguna manera, sobre el mundo entero la luz que irradia esta vida divina, principalmente sanando y elevando la dignidad de la persona humana, afianzando la cohesión de la sociedad y procurando a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo, al impregnarla de una significación más elevada. Así la Iglesia, por cada uno de sus miembros y por toda su comunidad, cree poder contribuir ampliamente a humanizar cada vez más la familia humana y toda su historia.

Tanto si ayuda al mundo como si recibe ayuda de él, la Iglesia no tiene más que una sola finalidad: que venga el reino de Dios y que se establezca la salvación de todo género humano. Por otra parte, todo el bien que el pueblo de Dios, durante su peregrinación terrena, puede procurar a la familia humana procede del hecho de que la Iglesia es el sacramento universal de la salvación, manifestando y actualizando, al mismo tiempo, el misterio del amor de Dios hacia el hombre.

Pues el Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó, a fin de salvar, siendo él mismo hombre perfecto, a todos los hombres y para hacer que todas las cosas tuviesen a él por cabeza. El Señor es el término de la historia humana, el punto hacia el cual convergen los deseos de la historia y de la civilización, el centro del género humano, el gozo de todos los corazones y la plena satisfacción de todos sus deseos. Él es aquel a quien el Padre resucitó de entre los muertos, ensalzó e hizo sentar a su derecha, constituyéndolo juez de los vivos y de los muertos. Vivificados y congregados en su Espíritu, peregrinamos hacia la consumación de la historia humana, que corresponde plenamente a su designio de amor: Recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

El mismo Señor ha dicho: Mira, llego en seguida y traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno su propio trabajo. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.

Responsorio

℟. Dios envió su palabra, anunciando la paz que traería Jesucristo; Él es el Señor de todos, y ningún otro puede salvar.

℣. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos.

℟. Él es el Señor de todos, y ningún otro puede salvar.

Oración

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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