viernes 26 de julio de 2024
Oficio de lectura
San Joaquín y Santa Ana
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Desde que mi voluntad
está a la vuestra rendida,
conozco yo la medida
de la mejor libertad.
Venid, Señor, y tomad
las riendas de mi albedrío;
de vuestra mano me fío
y a vuestra mano me entrego,
que es poco lo que me niego
si yo soy vuestro y vos mío.
A fuerza de amor humano
me abraso en amor divino.
La santidad es camino
que va de mí hacia mi hermano.
Me di sin tender la mano
para cobrar el favor;
me di en salud y en dolor
a todos, y de tal suerte
que me ha encontrado la muerte
sin nada más que el amor. Amén.
Salmodia
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Salmo 54, 2-15. 17-24-I: Oración ante la traición de un amigo
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se me retuercen dentro las entrañas,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría enseguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Salmo 54, 2-15. 17-24-II
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
Juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.
Salmo 54, 2-15. 17-24-III
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.
Versículo
℣. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.
℟. Presta oído a mi inteligencia.
Primera lectura
Del libro de Job Job 22, 1-30
Elifaz de Temán respondió así: ¿Acaso puede un hombre ser útil a Dios si apenas el sensato lo es para sí? ¿Le importa a Sadday que tengas razón?, ¿en qué le aprovecha tu honrada conducta? ¿Te castiga acaso por tu piedad o te cita a juicio por ello? ¿No será por tu inmensa maldad?, ¿no será por tus culpas sin límite?
Exigías sin razón prendas a tus hermanos, despojabas de su ropa al desnudo; no dabas de beber al sediento, privabas de pan al hambriento; como poderoso dueño de la tierra, como privilegiado habitante de ella, despedías a las viudas de vacío, destrozabas los brazos de los huérfanos.
Por eso te cercan redes, te asalta de súbito el terror; la luz se oscurece y no ves, te engullen aguas caudalosas.
¿No está Dios en lo alto del cielo? ¡Mira qué altas están las estrellas! Y dices: «¿Qué sabe Dios? ¿Podrá ver tras nubarrones? Las nubes lo tapan, no ve cuando anda por la órbita del cielo».
¿Quieres seguir tú la antigua ruta que pisaron hombres perversos, aventados antes de tiempo, cuando un río arrasó sus cimientos? Decían a Dios: «Fuera de aquí, ¿qué puede hacernos Sadday?».
Aunque colmaba sus casas de bienes, lo excluían con sus planes perversos. Los justos se alegran al verlo, los íntegros se burlan de ellos: Ved, nuestro adversario exterminado, el fuego ha devorado su abundancia».
Reconcíliate con él y haz las paces, y te será devuelta tu dicha. Acepta la enseñanza de su boca, piensa siempre en sus palabras. Si vuelves a Sadday con humildad, se alejará de tu tienda la maldad; si arrojas al polvo el oro, el Ofir a las piedras del arroyo,
Sadday será tu tesoro, será tu plata a montones. Será Sadday tu delicia, a Dios alzarás tu rostro; le rezarás, te escuchará, podrás cumplir tus promesas; tendrás éxito en tu empresa, brillará en tus sendas la luz.
Él humilla la empresa arrogante, pero salva al que baja los ojos. Pone a salvo al hombre inocente, lo salva por la pureza de sus manos.
Responsorio
℣. Reconcíliate y ten paz con Dios, y recibirás bienes; * acepta la instrucción de su boca, y guarda sus palabras en tu corazón.
℟. Si te vuelves al Todopoderoso, te restablecerá, y alejará de tu tienda la injusticia.
℟. Acepta la instrucción de su boca, y guarda sus palabras en tu corazón.
Segunda lectura
San Juan Damasceno Sermón 6, Sobre la natividad de la Virgen María, 2.4.5.6 PG 96, 663.667.670
Por sus frutos los conoceréis
Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.
Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.
¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.
Responsorio
℟. Día y noche servían a Dios con ayunos y oraciones, aguardando la liberación de Israel.
℣. Pedían a Dios que visitase a su pueblo.
℟. Aguardando la liberación de Israel.
Oración
Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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