sábado 30 de septiembre de 2023
Oficio de lectura
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Vosotros sois luz del mundo
y ardiente sal de la tierra,
ciudad esbelta en el monte,
fermento en la masa nueva.
Vosotros sois los sarmientos,
y yo la Vid verdadera.
Si el Padre poda las ramas,
más fruto llevan las cepas.
Vosotros sois la abundancia
del reino que ya está cerca;
los doce mil señalados
que no caerán en la siega.
¡Dichosos porque sois limpios
y ricos en la pobreza,
y es vuestro el reino que sólo
se gana con la violencia! Amén.
Salmodia
Inclina tu oído hacia mí, Señor, y ven a salvarme.
Salmo 30, 2-17. 20-25-I: Súplica confiada de un afligido
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios leal, me librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en un camino ancho.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Inclina tu oído hacia mí, Señor, y ven a salvarme.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Salmo 30, 2-17. 20-25-II
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años en los gemidos;
mi vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
Salmo 30, 2-17. 20-25-III
Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.
Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
Versículo
℣. Señor, haz que camine con lealtad, enséñame.
℟. Porque tú eres mi Dios y Salvador.
Primera lectura
Del libro del profeta Miqueas Mi 1, 1-9; 2, 1-11
Oráculo contra Samaría y Jerusalén
Palabra del Señor que recibió Miqueas de Moréset, en tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y visiones sobre Samaría y Jerusalén.
¡Escuchad, pueblos todos; atiende, tierra y cuanto la llena! ¡Sea testigo el Señor contra vosotros, el Señor desde su santo Templo! Mirad que el Señor sale de su morada, baja y camina sobre las alturas de la tierra.
Los montes se derriten debajo de él y los valles se agrietan, como la cera junto al fuego, como aguas que se precipitan por la pendiente. Todo esto por el delito de Jacob, por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es el delito de Jacob? ¿No es Samaría? ¿Cuál es el pecado de la casa de Judá? ¿No es Jerusalén?
«Voy a convertir a Samaría en un campo de ruinas, en un plantío de viñas. Haré rodar sus piedras por el valle, dejaré desnudos sus cimientos. Todos sus ídolos serán machacados, todas sus ganancias quemadas en el fuego, aniquilaré todas sus imágenes, porque con ganancias de prostitución las reunió y a ganancias de prostitución tornarán.»
Por eso lloraré y me lamentaré, andaré descalzo y desnudo, lanzaré aullidos como los chacales, y lamentos como las avestruces; porque su herida es incurable, se ha extendido hasta Judá y ha tocado la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén.
¡Ay de aquellos que planean injusticias, que traman maldades en sus lechos y al despuntar el día las ejecutan, porque acaparan el poder! Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; atropellan al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad.
Por eso, así dice el Señor: Mirad que yo planeo contra esa gente una desgracia de la que no podréis apartar vuestro cuello. ¡No caminaréis con arrogancia, porque serán tiempos funestos!
Aquel día os dedicarán una copla, y entonarán una elegía, diciendo: «¡Estamos completamente arruinados; han vendido la herencia de mi pueblo, y no me la devuelven; los invasores se rifan nuestros campos!» Pues bien: no tendréis a nadie que reparta suertes en la asamblea del Señor.
«¡No farfulléis -farfullan ellos- que no farfullen de esa manera! ¡No nos afectará la deshonra! ¿Acaso está maldita la casa de Jacob? ¿Ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es ése su proceder? ¿No son propicias sus palabras para quien actúa correctamente?»
Sois vosotros los que os levantáis como enemigos contra mi pueblo. Además de la túnica le arrancáis el manto a los que desfilan confiados al regreso de la guerra. Expulsáis de sus hogares confortables a las mujeres de mi pueblo y arrancáis a sus niños para siempre mi honor.
«¡Levantaos y marchad, que éste no es lugar de reposo!» Por la impureza pagaréis hipoteca, una hipoteca agobiante. Si llegase un profeta urdiendo mentiras: «Farfullaré para ti por vino y licor», Ése sería un charlatán digno de este pueblo.
Responsorio
℣. Escuchad, pueblos todos; atended, tierra y cuanto hay en ella. * Mirad al Señor que desciende y camina sobre el dorso de la tierra.
℟. Todo esto, por la culpa de Jacob, por el pecado de Israel.
℟. Mirad al Señor que desciende y camina sobre el dorso de la tierra.
Segunda lectura
San Jerónimo Prólogo al comentario sobre el libro del profeta Isaías, 1.2 (CCL 73, 1-3)
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo
Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Estudiad las Escrituras, y también: Buscad, y encontraréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues, si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
Por esto, quiero imitar al padre de familia que del arca va sacando lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo; y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres.
¿Para qué voy a hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo: Cualquier visión se os volverá - dice- como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y él responde: «No puedo, porque está sellado». Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y el responde: «No sé leer».
Y, si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: De los profetas, que prediquen dos o tres, los demás den su opinión. Pero en caso que otro, mientras está sentado, recibiera una revelación, que se calle el de antes. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: «¡Abbá! (Padre)», y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.
Responsorio
℟. Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
℣. El que observa la ley es hijo prudente.
℟. Así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Oración
Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
Volver al inicio ↑