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sábado 29 de julio de 2023

Oficio de lectura

Santos Marta, María y Lázaro

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Te celebramos, oh, Marta,
con tus hermanos,
afortunada al merecer hospedar
a Cristo en tu casa.

Movida dulcemente
a impulsos del amor,
te desvivías toda solícita en atender
a huésped tan ilustre.

Mientras disponías complacida
la mesa para el Señor,
María y Lázaro tomaban para sus almas
el sustento de la vida y de la gracia.

Tu hermana ungía con nardo puro
al que estaba a punto de morir
y tú le ofrecías presurosa
tus últimos cuidados.

Oh, huéspedes dichosos de Jesús,
que prenda el amor en nuestros corazones,
y serán, como Betania,
cálidos hogares para la amistad y la confianza.

Gloria a la santa Trinidad
y que ella nos hospede al fin
en la casa del cielo donde entonar
con vosotros sus alabanzas. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Salmo 6: Oración del afligido que acude a Dios

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.

Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Ant. 2

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Salmo 9 A-I: Acción de gracias por la victoria

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho,
sentado en tu trono como juez justo.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.

Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.

Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Ant. 3

Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.

Salmo 9 A-II

Tañed en honor del Señor, que reside en Sion;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes.

Piedad, Señor; mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sion.

Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.

Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a Dios.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.

Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.

Versículo

℣. Enséñame a cumplir tu voluntad, Señor.

℟. Y a guardarla de todo corazón.

Primera lectura

Del primer libro de los Reyes 1 Re 8, 1-21

Solemne dedicación del Templo

Entonces Salomón congregó a los ancianos de Israel -todos los jefes de las tribus y los cabezas de familia de los israelitas ante el rey Salomón- en Jerusalén para hacer subir el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, que es Sion. Se congregaron en torno al rey Salomón todos los hombres de Israel. En el mes de etanín, que es el mes séptimo, en la fiesta, vinieron todos los ancianos de Israel y los sacerdotes condujeron el arca e hicieron subir el arca del Señor y la Tienda del Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en ella. El rey Salomón y todo Israel, toda la comunidad de Israel reunida en torno a él, sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en número incalculable e incontable. Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su propio lugar, situado bajo las alas de los querubines. Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca y cubrían el arca y sus varales por encima. Los varales se prolongaban hasta dejar ver sus extremos desde el santuario, pero no se dejaban ver más hacia fuera. Han estado allí hasta el día de hoy. En el arca no había nada más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó allí, en el Horeb, las tablas de la alianza que el Señor estableció con los israelitas cuando salieron de la tierra de Egipto.

Cuando los sacerdotes salieron del santuario, -pues la nube había llenado el templo del Señor-, los sacerdotes no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, pues la gloria del Señor llenaba el templo del Señor.

Entonces Salomón dijo: «El Señor puso el sol en los cielos, pero ha decidido habitar en densa nube. He querido erigirte una morada principesca, un lugar donde habites para siempre.»

El rey, volviéndose, bendijo a toda la asamblea de Israel, que se mantenía en pie, y dijo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que con su mano ha cumplido lo que había prometido con su propia boca, diciendo: 'Desde el día en que saqué de Egipto a mi pueblo Israel no elegí ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para edificar un templo en el que resida mi Nombre, y no elegí tampoco ningún varón para que fuera príncipe sobre mi pueblo Israel, pero he elegido a Jerusalén para que resida allí mi Nombre, y he elegido a David para que esté al frente de mi pueblo Israel.' Mi padre David acariciaba en su corazón el propósito de construir un templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, pero el Señor dijo a David mi padre: 'Has acariciado en tu corazón el deseo de construir un templo a mi Nombre; has hecho bien en ello, pero no serás tú el que construya el templo. un hijo tuyo, salido de tus entrañas, ése será quien construya el templo a mi Nombre.' El Señor ha cumplido la promesa que pronunció. Me ha establecido como sucesor de mi padre David y me ha sentado sobre el trono de Israel, como el Señor había dicho, y yo construiré el templo al Nombre del Señor, Dios de Israel, y fijaré en él un lugar para el arca en la que se encuentra la alianza que el Señor pactó con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.»

Responsorio

℣. Tú, Señor, me has escogido como rey de tu pueblo y me encargaste construirte un templo en tu monte santo; * dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

℟. Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que te he construido! Vuelve tu rostro a la oración de tu siervo, escucha el clamor que te dirige tu siervo.

℟. Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.

Segunda lectura

San Bernardo Sermón 3 en la Asuncion de la bienaventurada Virgen María, 4. 5: PL 183, 423. 424

El orden del amor distribuyó en nuestra casa tres ministerios

Observemos atentamente, hermanos, cómo ha regulado el amor en esta nuestra casa las tres ocupaciones: la administración de Marta, la contemplación de María y la penitencia de Lázaro. Las tres deben hallarse en toda alma perfecta; sin embargo, cada uno siente preferencia por alguna de ellas: este se entrega a la contemplación, aquel al servicio de los hermanos y el otro a llorar su vida pasada como los leprosos que viven en los sepulcros. María está absorta en la meditación piadosa de su Dios; Marta es todo misericordia y compasión hacia el prójimo; y Lázaro se mantiene en la humildad y desprecio de sí mismo.

Que cada uno busque el lugar que le pertenece. «Si se encontrasen en esta ciudad estos tres varones: Noé, Daniel y Job, por ser justos salvarán ellos la vida —oráculo del Señor—. Pero no salvarán a sus hijos ni a sus hijas». No pretendo adular a nadie, ni que nadie se engañe a sí mismo. Los que no tienen ningún cargo, ni se les ha confiado alguna ocupación especial, permanezcan sentados a los pies de Jesús con María, o con Lázaro en el sepulcro. Que Marta se afane y se preocupe de mil cuidados. Tú, en cambio, que estás libre de todo eso, opta por una de estas dos cosas: vivir tranquilo y hacer del Señor tu delicia. Y si todavía no eres capaz de eso, no te vuelques al exterior, sino vive dentro de ti mismo, como el Profeta.

Marta, por su parte, también debe intentar ser de fiar, como se pide a los encargados. Y será fiel si su intención es pura, es decir, si no busca su propio provecho, sino el de Jesucristo, y su actividad está bien ordenada, esto es, si no hace su propia voluntad, sino la del Señor.

Algunos no son generosos y ya han cobrado su paga. Otros se dejan llevar de sus impulsos, y contaminan todo lo que ofrecen con las huellas de su propia voluntad. Acudamos al canto nupcial y veamos cómo llama el esposo a su esposa, y no omite ni añade nada a estas tres cosas: «Levántate, corre, amada mía, hermosa mía, paloma mía, ven a mí». ¿Qué mejor amiga que la que está atenta a los intereses del Señor y le entrega generosamente su vida? Siempre que interrumpe sus ocupaciones espirituales por uno de sus pequeñuelos, le está dando su vida. ¿No es hermosa la que refleja a cara descubierta la gloria del Señor, y se va transformando a su imagen con resplandor creciente por el Espíritu del Señor? ¿Y no es paloma la que gime y llora en los huecos de la peña o en las grietas del barranco, encerrada con una losa?

Responsorio

℟. Después que Jesús resucitó a Lázaro, le ofrecieron una cena en Betania, y Marta servía.

℣. María tomó una libra de perfume costoso y le ungió a Jesús los pies.

℟. Y Marta servía.

Oración

Oh, Dios, tu Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó hospedarse en casa de Marta, haz que, sirviéndole a él fielmente en nuestros hermanos, merezcamos, con María, ser alimentados con la meditación de su palabra. Él, Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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