LA ORACIÓN DE CADA DÍA

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02 ¿Qué deseas rezar?

viernes 4 de noviembre de 2022

Oficio de lectura

San Carlos Borromeo, obispo

Tiempo ordinario

Texto

Invocación inicial

℣. Dios mío, ven en mi auxilio.

℟. Señor, date prisa en socorrerme.

℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo el buen Pastor que al mundo vino;
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de su verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén.

Salmodia

Ant. 1

Vendrá el Señor y no callará.

Salmo 49-I: El verdadero culto a Dios

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sion, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra
para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1

Vendrá el Señor y no callará.

Ant. 2

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Salmo 49-II

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
Yo, Dios, tu Dios.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;

Pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré y tú me darás gloria».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Ant. 3

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 49-III

Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.

Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,
ese me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Versículo

℣. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte.

℟. Yo, Dios, tu Dios.

Primera lectura

Del libro de la Sabiduría Sb 16, 2b-13.20-26

Beneficios que Dios hace a su pueblo

Para calmar su hambre, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices; para que aquéllos, con ganas de comer, perdiesen el natural apetito, asqueados de los bichos que les enviabas; mientras éstos, tras una privación pasajera, saboreaban un manjar exquisito.

Pues era preciso que aquellos opresores sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba con mostrarles cómo eran atormentados sus enemigos.

Incluso cuando les sobrevino la furia terrible de las fieras y perecían mordidos por serpientes sinuosas, tu cólera no duró hasta el final.

Como escarmiento, se vieron molestados por poco tiempo, pues tenían un signo de salvación para recordar los mandamientos de tu Ley; y el que lo miraba se curaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, salvador de todos.

Con esto convenciste a nuestros enemigos de que tú eres quien libra de todo mal: ellos morían por las picaduras de langostas y moscas, sin encontrar remedio para su vida, pues merecían ser castigados por tales bichos.

Pero contra tus hijos nada pudieron los dientes de serpientes venenosas, pues tu misericordia acudió a sanarlos.

Las mordeduras, pronto curadas, les recordaban tus palabras, para que no cayeran en profundo olvido y se vieran excluidos de tus beneficios.

No los curó hierba ni cataplasma, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.

Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, haces bajar a las puertas del abismo y haces subir.

A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin fatiga, que producía gran placer y satisfacía todos los gustos.

Este sustento mostraba tu dulzura para con tus hijos, pues se adaptaba al gusto del que lo tomaba y se transformaba en lo que cada uno quería.

Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego destruía las cosechas de sus enemigos, ardiendo entre el granizo y resplandeciendo entre la lluvia.

En cambio, se olvidaba de su propio poder, para que los justos pudieran alimentarse.

Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador, se endurece para castigar a los injustos y se modera para favorecer a los que confían en ti.

Por eso, también entonces, adoptando todas las formas, servía a tu generosidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados, para que aprendieran tus hijos queridos, Señor, que no es la variedad de frutos lo que alimenta al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti.

Responsorio

℣. Alimentaste a tu pueblo con manjar de ángeles, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, * pan que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.

℟. Éste es el pan que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

℟. Pan que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.

Segunda lectura

San Carlos Borromeo Sermón del santo en el último sínodo que convocó (Acta Ecclesiae Mediolanensis, Milán 1599, 1177-1178)

No seas de los que dicen una cosa y hacen otra

Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad. Algún sacerdote querría tener aquella integridad de vida que sabe se le demanda, querría ser continente y vivir una vida angélica, como exige su condición, pero no piensa en emplear los medios requeridos para ello: ayunar, orar, evitar el trato con los malos y las familiaridades dañinas y peligrosas.

Algún otro se queja de que, cuando va a salmodiar o a celebrar la misa, al momento le acuden a la mente mil cosas que lo distraen de Dios; pero éste, antes de ir al coro o a celebrar la misa, ¿qué ha hecho en la sacristía, cómo se ha preparado, qué medios ha puesto en práctica para mantener la atención?

¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor; esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita las conversaciones inútiles.

¿Estás dedicado a la predicación y la enseñanza? Estudia y ocúpate en todo lo necesario para el recto ejercicio de este cargo; procura antes que todo predicar con tu vida y costumbres, no sea que, al ver que una cosa es lo que dices y otra lo que haces, se burlen de tus palabras meneando la cabeza.

¿Ejerces la cura de almas? No por ello olvides la cura de ti mismo, ni te entregues tan pródigamente a los demás que no quede para ti nada de ti mismo; porque es necesario, ciertamente, que te acuerdes de las almas a cuyo frente estás, pero no de manera que te olvides de ti.

Sabedlo, hermanos, nada es tan necesario para los clérigos como la oración mental; ella debe preceder, acompañar y seguir nuestras acciones: Salmodiaré -dice el salmista- y entenderé. Si administras los sacramentos, hermano, medita lo que haces; si celebras la misa, medita lo que ofreces; si salmodias en el coro, medita a quién hablas y qué es lo que hablas; si diriges las almas, medita con qué sangre han sido lavadas, y así todo lo que hagáis, que sea con amor; así venceremos fácilmente las innumerables dificultades que inevitablemente experimentamos cada día (ya que esto forma parte de nuestra condición); así tendremos fuerzas para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás.

Responsorio

℟. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Prescribe estas y enséñalas; sé un modelo para los fieles.

℣. Si propones estas cosas a los hermanos, servirán bien a Cristo Jesús.

℟. Prescribe estas y enséñalas; sé un modelo para los fieles.

Oración

Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en san Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

℣. Bendigamos al Señor.

℟. Demos gracias a Dios.

Permanezcamos en la paz del Señor.

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