viernes 29 de julio de 2022
Oficio de lectura
Santos Marta, María y Lázaro
Tiempo ordinario
Invocación inicial
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Te celebramos, oh, Marta,
con tus hermanos,
afortunada al merecer hospedar
a Cristo en tu casa.
Movida dulcemente
a impulsos del amor,
te desvivías toda solícita en atender
a huésped tan ilustre.
Mientras disponías complacida
la mesa para el Señor,
María y Lázaro tomaban para sus almas
el sustento de la vida y de la gracia.
Tu hermana ungía con nardo puro
al que estaba a punto de morir
y tú le ofrecías presurosa
tus últimos cuidados.
Oh, huéspedes dichosos de Jesús,
que prenda el amor en nuestros corazones,
y serán, como Betania,
cálidos hogares para la amistad y la confianza.
Gloria a la santa Trinidad
y que ella nos hospede al fin
en la casa del cielo donde entonar
con vosotros sus alabanzas. Amén.
Salmodia
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6: Oración del afligido que acude a Dios
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.
Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A-I: Acción de gracias por la victoria
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho,
sentado en tu trono como juez justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.
Salmo 9 A-II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sion;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes.
Piedad, Señor; mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sion.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a Dios.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Narraré tus hazañas en las puertas de Sion.
Versículo
℣. Enséñame a cumplir tu voluntad, Señor.
℟. Y a guardarla de todo corazón.
Primera lectura
Del libro de Job Job 40, 1-14; 42, 1-6
Job se somete a la majestad divina
El Señor siguió diciendo a Job: ¿Tiene más que decir el censor de Sadday? ¡Que responda el acusador de Dios!
Job respondió al Señor: Hablé a la ligera, ¿qué replicaré? Mejor si me tapo la boca con la mano. Hablé una vez, no responderé; dos veces y nada añadiré.
El Señor respondió a Job desde la tormenta: Si eres valiente, cíñete los lomos: te voy a preguntar y tú me instruirás.
¿Quieres acaso violar mi derecho, condenarme para quedar absuelto? ¿Tienes un brazo como el de Dios, una voz potente como la suya? Cíñete, pues, de grandeza y majestad, vístete de gloria y esplendor; da rienda suelta a tu cólera, hunde de una mirada al arrogante, humilla de una mirada al soberbio, aplasta a los malvados donde estén, entiérralos juntos en el polvo, enciérralos a una en el calabozo. Entonces cantaré tu alabanza: «Tu diestra te ha dado la victoria».
Job respondió al Señor: Me doy cuenta que todo lo puedes, que eres capaz de cualquier proyecto. [Dijiste:] «¿Quién es éste que vela mi designio con razones carentes de sentido?». Sí, hablé sin pensar de maravillas que me superan y que ignoro. (Escucha y déjame hablar, te voy a preguntar y tú me instruirás).
Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto y me arrepiento echado en el polvo y la ceniza.
Responsorio
℣. Yo te conocía sólo de oídas, Señor, mas ahora te han visto ya mis ojos; por eso retracto mis palabras, * me arrepiento en el polvo y la ceniza.
℟. He hablado una vez, y no insistiré; dos veces, ya nada añadiré, sino que me llevaré la mano a la boca.
℟. Me arrepiento en el polvo y la ceniza.
Segunda lectura
San Bernardo Sermón 3 en la Asuncion de la bienaventurada Virgen María, 4. 5: PL 183, 423. 424
El orden del amor distribuyó en nuestra casa tres ministerios
Observemos atentamente, hermanos, cómo ha regulado el amor en esta nuestra casa las tres ocupaciones: la administración de Marta, la contemplación de María y la penitencia de Lázaro. Las tres deben hallarse en toda alma perfecta; sin embargo, cada uno siente preferencia por alguna de ellas: este se entrega a la contemplación, aquel al servicio de los hermanos y el otro a llorar su vida pasada como los leprosos que viven en los sepulcros. María está absorta en la meditación piadosa de su Dios; Marta es todo misericordia y compasión hacia el prójimo; y Lázaro se mantiene en la humildad y desprecio de sí mismo.
Que cada uno busque el lugar que le pertenece. «Si se encontrasen en esta ciudad estos tres varones: Noé, Daniel y Job, por ser justos salvarán ellos la vida —oráculo del Señor—. Pero no salvarán a sus hijos ni a sus hijas». No pretendo adular a nadie, ni que nadie se engañe a sí mismo. Los que no tienen ningún cargo, ni se les ha confiado alguna ocupación especial, permanezcan sentados a los pies de Jesús con María, o con Lázaro en el sepulcro. Que Marta se afane y se preocupe de mil cuidados. Tú, en cambio, que estás libre de todo eso, opta por una de estas dos cosas: vivir tranquilo y hacer del Señor tu delicia. Y si todavía no eres capaz de eso, no te vuelques al exterior, sino vive dentro de ti mismo, como el Profeta.
Marta, por su parte, también debe intentar ser de fiar, como se pide a los encargados. Y será fiel si su intención es pura, es decir, si no busca su propio provecho, sino el de Jesucristo, y su actividad está bien ordenada, esto es, si no hace su propia voluntad, sino la del Señor.
Algunos no son generosos y ya han cobrado su paga. Otros se dejan llevar de sus impulsos, y contaminan todo lo que ofrecen con las huellas de su propia voluntad. Acudamos al canto nupcial y veamos cómo llama el esposo a su esposa, y no omite ni añade nada a estas tres cosas: «Levántate, corre, amada mía, hermosa mía, paloma mía, ven a mí». ¿Qué mejor amiga que la que está atenta a los intereses del Señor y le entrega generosamente su vida? Siempre que interrumpe sus ocupaciones espirituales por uno de sus pequeñuelos, le está dando su vida. ¿No es hermosa la que refleja a cara descubierta la gloria del Señor, y se va transformando a su imagen con resplandor creciente por el Espíritu del Señor? ¿Y no es paloma la que gime y llora en los huecos de la peña o en las grietas del barranco, encerrada con una losa?
Responsorio
℟. Después que Jesús resucitó a Lázaro, le ofrecieron una cena en Betania, y Marta servía.
℣. María tomó una libra de perfume costoso y le ungió a Jesús los pies.
℟. Y Marta servía.
Oración
Oh, Dios, tu Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó hospedarse en casa de Marta, haz que, sirviéndole a él fielmente en nuestros hermanos, merezcamos, con María, ser alimentados con la meditación de su palabra. Él, Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Conclusión
℣. Bendigamos al Señor.
℟. Demos gracias a Dios.
Permanezcamos en la paz del Señor.
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